Un Wall Street fuera de la realidad

Si el divorcio entre Wall Street y la economía real es un clásico, con la pandemia, mientras la economía norteamericana se movía en «arenas movedizas», Wall Street encadenaba subidas que no se recordaban en tres décadas

Mientras Estados Unidos sufre una de las recesiones más cruentas desde la Gran Depresión de 1929, Wall Street, ajeno a las turbulencias económicas que vive la América «real», ha tenido su mejor trimestre desde el año 1998.

Algo difícilmente explicable

La subida generalizada de los valores bursátiles es difícilmente explicable debido a que las cotizadas representan a compañías reales que tiene que hacer negocio en un país devastado por la pandemia.

A pesar de ello, índices como el S&P, que reúne a las 500 mayores compañías que se financian en Wall Street, ha subido la mayor subida, y por tanto las mayores utilidades, desde el año 1998.

Otros indicadores, como es el caso del Dow Jones, no le van a la zaga, ya que con una apreciación del 18%, ha obtenido sus mejores resultados desde 1987.

De mientras, el índice tecnológico NASDAQ, con una subida del 31% obtiene unos resultados que no se conocían desde hace más de dos décadas.

La economía real se hunde

Mientras eso sucede en la bolsa de valores de Nueva York, la economía de Estados Unidos, producto del desbarajuste sanitario que vive el país, tiene su economía en la UCI.

Producto de la crisis sanitaria provocado por el covid-19, en un país donde no hay un sistema sanitario universal digno de ese nombre, ha concluido el periodo de mayor crecimiento económico de la actual potencia unipolar.

En cuestión de pocos meses, Estados Unidos ha encadenado la mayor recesión económica que ha conocido el país desde la Gran Depresión, a pesar de que desde la reapertura la economía demuestra un cierto «tono muscular».

Un indicador que se encuentra en sus peores momentos es el que tiene que ver con el empleo, ya que desde el mes de febrero se han perdido 20 millones de empleos, lo cual es muy grave máxime porque antes de la eclosión de la pandemia solo existía lo que se denomina «paro técnico».

Asimismo, la bancarrota de empresas ha tocado techo, con unos datos tan apabullantes que no se conocían desde hace más de siete años, «naufragando» empresas de más variado pelaje.

Entre las empresas quebradas nos las encontramos desde compañías de alquiler de coches, como Hertz, grandes almacenes como J. C. Penney o una de las empresas de vanguardia en lo que a fracking se refiere, como Chesapeake.

Nuevos brotes acechan

Y para acabar de configurar la tormenta perfecta, la pandemia, que parecía controlada, amenaza de nuevo con desmandarse.

A lo largo y ancho de Estados Unidos se extienden los rebrotes y 16 estados, de los 50 que forman la Unión, ha tenido que reformular sus planes de reapertura, ralentizándolos.

En lo que lleva de pandemia el país que gobierna Donald Trump ha perdido un 8% de su PIB, el mayor del mundo, por lo que no se entiende, con la conexión que existe entre economía «real» y la cotización bursátil, que Wall Street de esas alegrías.

Explicaciones para lo inexplicable

Pero ese aparente sindiós tiene una explicación y es la barra libre de liquidez que acaba de conceder la Reserva Federal, que ha tenido una cuantía de dos billones, con b, de dólares.

Eso ha hecho que los «bolsillos» de los inversores que ante la volatilidad económica no han encontrado mejor «valor refugio» que invertir en acciones.

Y es por ese «dinero fresco» que ha fluido a los mercados por lo que se explica la happy hour que está viviendo Wall Street.

Ante una rentabilidad de los bonos del Tesoro, en mínimos históricos con una rentabilidad de solo el 0,6%, pocas alternativas tienen los inversores que no sea la bolsa de valores, máxime cuando la economía real esta «gripada».

Por el buen desempeño bursátil y por el plan de rescate económico que ha aprobado el Congreso, es poco probable que ante un escenario de una nueva oleada de covid-19, el despegue económico se pueda ver abortado.

Disociación

Pero este repunte vigoroso de Wall Street mientras la economía real está «hecha unos zorros» no es algo nuevo, ya que la disociación entre la bolsa de valores y la economía productiva tiene una historia de décadas.

Son valores de la nueva economía digital los que suman el 20% del valor del índice S&P, con empresas como Apple, Amazon, Facebook, Alphabet y Microsoft, el mayor valor en tres décadas.

Además, el confinamiento no ha hecho sino impulsar la cotización en bolsa de las empresas tecnológicas, debido a que los ciudadanos enclaustrados han hecho un uso masivo de medios digitales, tanto para el teletrabajo como para su ocio.

Siguiendo con el Standard & Poors, mientras que la cotización de las cinco compañías mencionadas crecía un 20%, el título del resto de las empresas presentes en el S&P perdía un 13%.

Compañías poco permeables

El principal problema de que sean las tecnológicas y las compañías de la economía digital las que ocupen el podio en cuanto a capitalización bursátil tiene una pega: la riqueza que generan llega poco a la «calle».

La permeabilidad de la riqueza hacia main street era mayor hace décadas cuando las empresas campeonas procedían de negocios más tradicionales, como banca, energía y servicios.

En un reciente estudio llevado a cabo por la reconocida Brookings Institution, ha realizado un estudio comparativo entre la creación de empleo y el mercado de capitales en el siglo XX y el actual.

Los resultados muestran que los dos valores bursátiles más destacados en 1962 eran la telefónica AT&T y la automotriz General Motors, que tenían empleados 564.000 y 605.000 empleados respectivamente.

Sin embargo, en el 2002, las dos empresas con mayor capitalización bursátil eran Microsoft y General Electric, que empleaban, respectivamente, a 51.000 y 315.000 personas respectivamente.

El cambio es evidente en el siglo que nos contempla: las empresas, por mor de la tecnología, cada vez emplean a menos personas, producen más y tienen menos costes, convirtiéndose en una «perita en dulce» para los inversores que solo entienden la rentabilidad.

Fuente – EL PAÍS

Imagen – Sam Valadi / Tzef Pine / Nahemot / Senado Federal / Michael Daddino / Kārlis Dambrāns

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