Las empresas son reacias a salir a Bolsa

Desde el año 2018 ninguna empresa a «desembarcado» en el IBEX 35, sobre todo por factores estructurales que aquejan a la economía española, con un tejido empresarial fundamentado en PYMES que suelen ser de carácter familiar y con poco «músculo» financiero

Una de las maneras más tradicionales que han tenido las empresas para lograr financiación ha consistido en cotizar en Bolsa, para que los inversores compren sus títulos y con ese dinero poder operar.

Pero las tornas están cambiando, ya que muchas empresas ven oportunidades de acceder a financiación de una manera más rápida y con menores riesgos. En tiempo de pandemia el capital riesgo se impone como principal vía de financiación.

Fiascos sonados

Si bien para muchas empresas la panacea, muchas veces no lo es tanto para los inversores, ya que muchos emprendimientos, de dudosa viabilidad económica en un mercado bursátil han inundado los parqués españoles.

En los últimos años hemos visto desde a Pocoyó correteando por la tarima hasta a empresas de alimentación, como pueda ser Telepizza, titularizar su capital social, como la manera estándar de lograr financiación.

En los patios de operaciones todavía resuenan sentenciosas frases, que luego demostraron que tenían detrás una deficiente gestión económica, cuando no eran directamente estafas, como la que pronunció Jenaro García, cuando dijo que “Buscamos notoriedad y mostrar que nuestras finanzas están en buenas condiciones”.

Gowex se demostró, cuando se destapó el escándalo, como un fraude en toda regla con falsificación de las «cuentas» de la compañía, un tema de candente actualidad después de que hace pocos días un juzgado de Madrid haya admitido una demanda de 140 accionistas de la compañía.

Pero también casos de éxito

La titularización de su capital social para lograr recursos que poder invertir en el negocio, también ha llevado a sonados casos de éxito empresarial.

Ha sido con la «catapulta» de la Bolsa con la que muchas empresas, que nacieron prácticamente como start – up, y en espacios de cotrabajo, como se han convertido en auténticos colosos de sus sectores, caso de Amadeus o Inditex.

En el caso de Amancio Ortega, un hombre hecho a sí mismo que en estos momentos, y según la revista Forbes, es la sexta fortuna del mundo, la salida a Bolsa le ha permitido que sus empresas sean reconocidas y se hayan podido expandir a nivel internacional.

En el caso de Amadeus, la joint – venture formada en el año 1987 por las aerolíneas Air France, Lufthansa, Iberia y Scandinavian Airlines, su crecimiento ha sido espectacular, impulsando con su tecnología la contratación de todo tipo de viajes.

Ya en el 2015 se había hecho con el 40,4% del mercado mundial de reservas y su cuota de mercado de soluciones tecnológicas para el sector de las reservas de viajes superaba el 28%, realizando operaciones en más de 200 países.

Una moda finisecular

Lo que hasta finales del siglo XX era un «coto cerrado» solo para grandes inversores, con el final del siglo XX se democratizó y a los parqués comenzaron a afluir pequeños inversores, que dinamizaron las prácticas y los productos bursátiles.

El gran «invento» por aquellas fechas se llamó OPV, acrónimo de Oferta Pública de Venta, que es algo tan sencillo, y a veces tan complicado, como titularizar el capital social de la compañía, que es adquirida desde pequeños inversores, grandes impositores e inclusive instituciones públicas.

Los inversores, además de poseer parte del capital social de la empresa, reciben dividendos, que pueden ser anuales, sobre los beneficios que obtiene la empresa, y en caso de grandes inversores, sus acciones les permiten inclusive ingresar en el consejo de administración.

Sequía

En lo que llevamos de año, marcado indudablemente por la pandemia de covid-19, la situación se podría calificar como de «sequía», ya que ninguna empresa se ha «lanzado al ruedo» y ha comenzado a cotizar.

Y eso ni en los mercados que podríamos calificar como «tradicionales», ni en otros con mayor capacidad de innovar, como el Mercado Alternativo Bursátil (MAB), donde comienzan a cotizar PYMES, siempre con la intención de llegar a jugar en las «grandes ligas».

Sería necesario volver al año 2018 para encontramos con la empresa Solarpack, que comenzó a cotizar en el IBEX el 5 de diciembre de ese año, una compañía «verde» que instala y gestiona «huertos solares» de cientos de hectáreas.

Se extrema la tendencia por vías alternativas de financiación

La crisis sanitaria del covid-19, y el consiguiente «cerrojazo» que redujo la actividad económica a la mínima expresión, y que también salvó a medio millón de compatriotas de perecer, ha vuelto más reacias, si cabe, a las empresas a cotizar.

Por otro lado, la «barra libre» de liquidez que han impuesto los bancos centrales en Europa, queda para los anales la recomendación del FMI a los gobiernos de que gasten todo lo que puedan, hace que se puedan acceder a otras vías de financiación más baratas.

El peligro para la economía es que pueden acabar dándose situaciones de poca transparencia en cuanto a la financiación de sobre todo PYMES que se abstienen de salir a Bolsa.

Uno de los peligros de no financiarse en los mercados es que el dinero puede tener un dudoso origen, por lo que BME, el operador de la Bolsa española, recomienda que la misma transparencia en a financiación que se exige a las cotizadas, se les exija también a otras empresas.

Falta de cultura inversora

La inversión en Bolsa, salvo para los grandes inversores, tiene poco recorrido en España, ya que como hemos visto dicha inversión se abrió para los pequeños inversores a finales del siglo XX.

Debido a ello, en la mayoría de los casos, salvo grandes corporaciones, muchas empresas ni se plantean siquiera cotizar, lo que también tiene mucho que ver con lo que es la estructura empresarial existen en España.

Estamos en un país en el cual el tejido empresarial, en más del 90% está formado por PYMES, que por sus dimensiones ni se plantean pisar el parqué, lo que unido al carácter familiar de las empresas lastra su presencia en Bolsa.

Otro de los miedos que tiene muchas empresas, volvemos a reiterar, que son de carácter familiar o cuasi familiar, es el temor a que, si titulariza su capital social, puedan perder el control de la compañía, como ha sucedido en muchas de sus «hermanas mayores».

Fuente – EL PAÍS / rtve / Bolsas y Mercados Españoles / tu otro diario / Amadeus IT Group / SOLAR PACK / Oferta Pública de Venta en Wikipedia

Imagen – Leonie Vandekamp / Más Cuota / Magnus Maske / FDV / darkday / Ryan Shea / Yun Huang Yong

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