Los puntos fuertes de la fusión de CaixaBank y Bankia

La fusión de dos de las más importantes financieras del país va a tener incontables ventajas y algunos inconvenientes: entre las primeras el mayor tamaño, la mayor solvencia y el ahorro en la operativa bancaria del «día a día»

A pesar de que nada está completamente «atado», todo parece, que, con el beneplácito de gobierno y los poderes financieros, la fusión entre CaixaBank y Bankia es un hecho.

La baja rentabilidad de negocio bancario, y no solo producto de la pandemia, y otros condicionantes anuncian, no solo en España, un «rally» de fusiones bancarias.

Cuando dos entidades, como CaixaBank y Bankia se fusionan, es ante todo para lograr ventajas, sobre todo competitivas y aumentar su tamaño, haciendo bueno el ya manido «demasiado grande para caer».

El buque insignia de la banca española

Aunque la fusión se dilucidará mañana miércoles, el banco resultante va a ser el que mayor cantidad de activos tiene de la banca española, con 660.000 millones de euros en activos, lo que supone el 25% del sector.

Sin embargo, toda moneda tiene su cara y su envés, y si en la cara nos encontramos con el hecho de que la fusión va a lograr un importante recorte de gastos, también va a haber un importante recorte en el empleo que se aproxima a los 8.000 empleados.

En resumen, y aunque se supone que se abordarán medidas menos traumáticas que los despidos, todo parece indicar que «sobra» el 15,5% de la plantilla.

Además, hay que recordar que el valor que aporta Bankia es el de los 24.000 millones que inyectó el estado para evitar que se precipitase al abismo.

Aquellos años

La historia de las fusiones en la banca española comenzó hace 32 años, cuando corrían los años 80 del pasado siglo y el Banco de Bilbao se fusionó con el Banco de Vizcaya para formar el BBV, Banco Bilbao Vizcaya.

El primer ejecutivo de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri vivió la fusión desde el Banco de Bilbao, donde llevaba trabajando 11 años, y ahora le tocará pilotar la fusión con la entidad financiera que presidiese Isidro Fainé.

Los argumentos principales de aquella lejana fusión fueron tres: lograr mayor tamaño, mejorar la solvencia y mejorar también la rentabilidad.

Ayer como hoy, la fusión pasó por un recorte en número de oficinas y empleo, aunque en aquellos lejanos años ochenta del pasado siglo, el asunto se resolvió con bajas incentivadas y con prejubilaciones.

De hecho, el nuevo gigante financiero español, que parece que comercialmente se denominará CaixaBankia, orillando la denominación Bankia, es fruto de la fusión anterior de 18 bancos y cajas de ahorro.

El tamaño no garantiza rentabilidad

Los datos de nuevo banco son apabullantes:  tendrá el 31,4% de los créditos a particulares, el 28,1% de los depósitos, contando con 6.700 oficinas y una plantilla de 51.500 empleados.

Sin embargo, ya no tener un gran tamaño implica automáticamente tener una gran rentabilidad, e inclusive un informe del año pasado del BCE, bajo el título de Rentabilidad bancaria de la zona del euro: ¿dónde puede ayudar la consolidación? «niega la mayor».

En dicho trabajo se defiende la tesis que, en determinadas circunstancias, la ineficiencia en el gasto es mayor en grandes entidades financieras que en pequeños bancos.

Muchas veces el problema es una conjunción de factores: ineficiencia en el gasto, costes elevados y pocos ingresos, cosa que ha propiciado las fusiones bancarias en las últimas tres décadas.

Pandemia: los problemas crecen

Muchos de los factores que están lastrando la operativa bancaria se van acrecentando con la pandemia, que durante el «cerrojazo» que ha vivido toda Europa, ha reducido la actividad económica a mínimos.

Entre las consecuencias que está viviendo la banca, producto de la crisis económica derivada del covid-19, se encuentran una bajada de ingresos combinada con un aumento de la morosidad bancaria.

A pesar de que esta crisis tiene una fisonomía muy parecida a la del 2008, afortunadamente esta vez la banca cuenta con una mucha mayor solvencia, pero en el caso de esta fusión, el no hacerla haría que por separado los dos bancos entrasen en pérdidas.

Obligatorio adelgazar

Como ya hemos indicado, la eficiencia bancaria y la rentabilidad casan mal con «aparatos» de gran volumen, por lo que la reducción de oficinas y de plantilla va a ser obligado.

Sobre todo, en determinadas regiones, donde CaixaBank y Bankia están hipertrofiados, caso de Cataluña y Madrid, donde surgieron las dos entidades financieras que ahora se fusionan.

Solo en Cataluña, Madrid y Andalucía, la suma de las oficinas de los dos bancos es de 3.000 oficinas, y todo parece indicar que con la fusión la CNMV hará disminuir esa ratio.

En cuanto al empleo, las fuentes más conservadoras hablan de que podrían «salir» 8.000 trabajadores, aunque se supone que el deshacerse de personal se hará de maneras menos traumáticas que los despidos.

La fórmula ideal sería la de las prejubilaciones y despidos incentivados, aunque con la situación de crisis económica el gobierno no es favorable a que la carga de deshacerse de personal tenga que ser soportada por la Seguridad Social.

Recuperar 24.000 millones de euros

Es uno de los objetivos del Estado con la nueva fusión, ya que hay que recordar que se tuvo que inyectar 24.000 millones de euros para evitar que el proyecto bancario que actualmente preside José Antonio Goirigolzarri, naufragase.

Porque lo que si parece claro es que el Estado va a mantener su participación en la nueva entidad financiera CaixaBankia, pero no quiere malvender Bankia, de manera que su participación no sufra una merma en su valor.

En este aspecto lo único que parece claro es que la Fundación La Caixa, que preside Isidro Fainé mantendrá el control del 30% de la nueva entidad financiera, lo cual establece un importante estresor en la negociación.

Ayudas para pagar despidos

La fusión va a provocar la generación de un fondo de comercio negativo, producto de la compra de un activo por debajo de su valor en libros, que es lo que va a suceder en esta ocasión.

Producto de ese artificio contable se podrán generar 8.000 millones que podrían servir para pagar los 3.000 millones de euros que costarán los despidos de entre los ocho y diez mil empleados que «sobran».

Fuente – EL PAÍS

Imagen – Mr. THK / Jon Chiral / Álvaro Ibañez / 7th Army Training Command / Studio Incendo / Ricardo Díaz / Images of Money / G20 Argentina

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