Cuando se perdió Cuba

Tendríamos de viajar en el tiempo a la pérdida de las colonias – primero Cuba y luego Filipinas – para encontrarnos con un Estado español con semejante nivel de deuda sobre el Producto Interior Bruto, que dinero contante y sonante supone 1,311 billones de euros

Desde que se perdió la Guerra de Cuba, el Estado no tenía un nivel de endeudamiento tan abultado, llegando a algo más del 117% del Producto Interior Bruto, lo que en euros contantes y sonantes supone 1,311 billones de euros.

La «tormenta perfecta» se ha desencadenado, y a la pandemia sanitaria le ha seguido una pandemia económica: a una economía desarbolada le ha seguido un importante aumento del gasto público.

Una deuda pública desbocada

Y las consecuencias económicas podían haber sido todavía peores, si no fuese por los ERTE y las prestaciones por desempleo, sin eso los ingresos de las familias hubiesen caído tanto como ha caído el PIB.

En solo un año la deuda pública ha aumentado en 122.000 millones de euros, el equivalente de lo que se gasta el Estado en pensiones en un año.

En ocasiones anteriores – rescate financiero, hundimiento del sector de la construcción – los aumentos de la deuda pública nunca habían tenido el cariz que está teniendo en estos momentos.

Nos encontramos en unos niveles de deuda pública desconocidos desde que regreso la democracia a España, producto de que el año pasado se hundiese la actividad un 11%.

En solo un año, la deuda en relación con el PIB ha «escalado» 21 puntos porcentuales, y tenemos que retroceder al año 1869 para encontrar un hundimiento de tal magnitud.

Desde la Revolución Gloriosa

En ese año España también vivía una «tormenta perfecta», con una crisis agraria, ferroviaria y bancaria producida como consecuencia de la Revolución Gloriosa.

Inclusive en una crisis de efectos devastadores, como la que se produjo en el año 2009, no hubo semejante incremento de la deuda, que se quedó en 14 puntos del PIB.

Tres años después, con el rescate financiero al que fue sometida España por parte de la Unión Europea, la deuda pública era de 16 puntos del PIB.

Deuda en relación con el PIB

Poner en relación la deuda con el PIB es uno de los mejores índices para saber la capacidad de pagar las deudas que tiene un país.

La última vez que el endeudamiento de las instituciones superó el 117% del PIB fue en el año 1902, después de la pérdida de Cuba, cuando España fue obligada por el tratado de paz con Estados Unidos a asumir la deuda pública cubana.

La buena noticia es que el Fondo Monetario Internacional considera que los bajos tipos de interés, que pueden ser mantenidos en el tiempo, van a permitir a España, si fuera necesario, endeudarse todavía más.

Los últimos años de emisión de deuda pública han sido beneficiosas para el Estado, dado que, con tipos de interés negativos, hasta ahora España cobraba por permitir que los inversores comprasen deuda española.

Sin embargo, el equilibro es precario, y cualquier turbulencia económica podría hacer que la deuda pública español se introdujese en un torbellino que llevase el interés de la deuda a unos niveles inaguantables.

Simplemente bastaría que el Banco Central Europeo no pudiese seguir comprando deuda española al nivel que lo está haciendo, para que la prima de riesgo, esto es, el interés que piden los inversores por financiarnos, llegase a cotas inaguantables.

No superar el 120% del PIB

En deuda se entiende, y para lograrlo el gobierno ha sido muy tímido en ayudas directas para hacer frente a la crisis económica que ha provocado la pandemia.

El coste de los ERTE y prestaciones a autónomos solo ha costado 40.000 millones de euros, no habido por el momento más ayudas directas.

Sin embargo, y antes de esta «tormenta perfecta», España ya tenía un problema con las cuentas públicas, inclusive después de más de un lustro de crecimiento ininterrumpido, el déficit público superaba el 3%.

Es una constante en la historia económica de España la gran dificultad que han tenido gobiernos, desde los conservadores a los progresistas, con lograr superávits presupuestarios.

Lejos queda la dictadura de Franco donde algunos ministros de economía, como Fernández Villaverde, lograban «cuadrar» las cuentas y lograr esos superávits presupuestarios.

No más de cuatro vías

En nuestro país solo ha habido cuatro vías, y ninguna más, para lograr reducir la deuda con respecto al PIB.

El primero de ellos ha sido a base planes de convergencia con Europa y privatizaciones, método que utilizaron tantos los gobiernos de Felipe González como los de José María Aznar.

Actualmente modificar la fisonomía financiera del Estado es imposible sin reformas de calado, y queda muy poco que el Estado pueda privatizar.

La segunda «maña» pasa por aumentar la deuda privada, que automáticamente produce un aumento del PIB, y disminuye el peso de la deuda, algo imposible porque la deuda privada es ya enorme.

Como tercera vía se puede recurrir a poner a funcionar la «máquina de los billetes» lo que automáticamente hace aumentar la inflación, y está no está en manos españolas, sino en las políticas económicas del Banco Central Europeo.

La última consiste en reestructurar la deuda que se tiene con los acreedores, lo cual no suele ser una buena política porque estos van a pedir un mayor interés para volver a prestar dinero al Estado.

Alemania oteando el horizonte

El «gendarme de Europa», con permiso de la Francia de Emmanuel Macron, tiene una doctrina económica que pasa por exigir a los países del sur de Europa una consolidación fiscal y una devaluación interna.

De lo que se trata es de recuperar competitividad a escala planetaria para poder hacer la economía de los países de la zona euro, en este caso España, lo suficientemente competitiva como para ir pagando poco a poco las deudas.

Para ello, y para otras cosas, España, gracias a la solidaridad europea, cuenta con 140.000 millones de euros y la mitad de ese dinero son subsidios a fondo perdido, mientras que la otra mitad son prestamos que hay que devolver.

Fuente – EL PAÍS

Imagen – Jonathan Cutrer / Rubén Vique / Blondinrikard Fröberg / Zaqarbal / Jeremy Segrott / Chris Hohare / Jim Woodward

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