La mano invisible

Los lobbies, aunque hace mucho tiempo se llamasen de otra manera, siempre han tenido un poder de influencia mayúsculo sobre las decisiones del poder político. Trabajando para defender los intereses de empresas del más variado tipo no se entiende que todavía en España su actividad no esté regulada

Salvo en aquellos países donde su actividad está regulada, caso de Estados Unidos, donde ejercer de tal puede llegar a ser hasta una actividad honorable, estos grupos de presión siempre han estado en la zona gris.

Los grupos de presión gastan todos los años cientos de millones de euros para torcer el brazo a los políticos para lograr legislaciones favorables a los intereses de las empresas a las que representan.

En el precio de la electricidad y en España

Uno de estos lobbies es el de las centrales nucleares que acaba de terciar en la polémica sobre el precio de la electricidad.

Los lobistas de la patronal de las centrales nucleares han advertido que es necesario una rebaja del precio que las empresas pagan por contaminar con CO2 la atmósfera.

Sin esa reducción de precio de los derechos de emisión dicen que la operativa de las centrales nucleares en España se tornará del todo de punto imposible su actividad.

Además, advierten que entonces la energía será mucho más cara, con lo cual el recibo de la luz se pondrá por las nubes, tanto para empresas como para particulares.

Al mismo tiempo, un lobby de consumidores terciaba que sería necesario sancionar a las eléctricas por el excesivo precio de la luz que está abocando a muchas personas en España a situaciones de pobreza energética.

También en Europa

Con el mayor peso del gobierno de Bruselas, muchos lobbies han dejado de tener representación estatal en Europa para ir a presionar a la capital de ejecutivo comunitario.

Solo el sector tecnológico tiene en la sede de la Unión Europea 612 empresas que ejercen como lobistas, gastándose todos los años casi 100 millones de dólares para lograr que la legislación comunitaria se avenga a sus intereses.

Sin embargo, el lobby tecnológico no es, ni con mucho, el que más presión ejerce sobre los gobernantes europeos.

Su actividad y presupuesto se ve ampliamente superado por los lobbies farmacéutico, petrolero, bancario o de la industria química.

Poder asimétrico

Los lobbies, bien es cierto que no se puede generalizar, pueden llegar a tener más poder que los gobiernos, y España es un buen ejemplo.

Los lobistas de algunos sectores empresariales lograron incluir en la legislación española normas legales favorables a los intereses de sus clientes, aunque posteriormente llegara Bruselas a enmendarles la plana.

Por otro lado, estos lobbies tienen un poder casi omnímodo que no tienen los ciudadanos ni las organizaciones de consumidores que se ven obligadas a transigir con leyes que perjudican al ciudadano de a pie.

Inclusive cuando el ejecutivo, tanto a nivel nacional como autonómico y municipal, inician proceso de consulta a la ciudadanía, son los lobistas del sector económico que se trate, los que más logran con sus alegaciones.

Y en principio esos procesos de consulta están diseñados para que sea la ciudadanía la que rubrique los proyectos que realizan las Administraciones públicas, como puedan ser los planes urbanísticos.

Un sector hipertrofiado en Europa

La cantidad de lobistas que existen en Bruselas llegará en poco tiempo hasta la hipertrofia, y eso que los lobbies, en la Unión Europea, se encuentran regulados.

Dentro del sector tecnológico, todos los días casi 150 personas trabajan como lobistas intentando arrimar la ascua a su sardina, para que las empresas que los financian tengan una legislación favorable a sus intereses.

En la capital de las instituciones europeas son casi 40.000 personas las que trabajan como lobistas, de las cuales 1.500 tienen acceso franco al parlamento europeo.

Además, pueden pasearse tranquilamente por los pasillos de parlamento porque su actividad está regulada y aceptada por la UE en los tratados de la unión desde casi los años cincuenta del pasado siglo.

No reconocidos en España

Mientras que los lobbies se encuentran reconocidos y regulados en la Unión Europea no sucede lo mismo en España, donde los grupos de interés no han sido reconocidos nunca por la legislación española.

Desde muchas organizaciones no se entiende que procesos de influencia sobre el poder político que de facto se producen todos los días y que cuentan con un consenso político y social no se encuentren regulados todavía.

Desde algunas instancias se explica esa desregulación producto que regular los lobbies obligaría a que los políticos se tuviesen que regular a sí mismos, algo a lo que parece no son muy proclives.

Controlar a los políticos

Es lo que piden muchos en la Unión Europea, donde recordemos que la actividad de los lobistas se encuentra plenamente regulada.

De lo que se trataría, según el Grupo de Estados contra la Corrupción (GRECO), es que quedase constancia de las dádivas que reciben los políticos comunitarios por parte de los grupos de presión.

Se tratan, en la mayor parte de los casos, de saber cuántos viajes y cuántos regalos reciben sus señorías europeas al cabo del año, consignando también quién realiza esos regalos.

Con esa información lo que se pretendería evitar es comportamientos claramente delictivos y que los lobbies tengan en nómina a políticos que legislan y deciden sobre los intereses de las empresas a las que representan.

Los lobbies quieren ser regulados

Es una de las reivindicaciones del sector, que todavía no se explican porque no se ha legislado sobre ellos en España y siguen actuando en una zona gris, donde tácitamente se consiente sus actividades.

Es el propio sector el que considera que la función de un lobby solo es efectiva y real si su actividad se encuentra regulada, sobre todo debido que su actividad representa muchas veces desde empresas privadas a instituciones públicas.

Actualmente en España los lobbies son utilizados por empresas cotizadas del IBEX 35, PYMES, empresas familiares y sobre todo multinacionales.

Y la actividad de esos lobbies no se hacen «a tontas y a locas», ya que su actuación está plenamente profesionalizada.

Por ejemplo, estos lobbies lo primero que hacen para sus clientes son informes de impacto, en donde miden para quienes les contratan, las consecuencias que podrían tener para ellos determinados cambios legislativos.

Además, la actividad de los lobbies se entiende en unos contextos en los cuales el poder de decisión se ha descentralizado, ya que no recae exclusivamente sobre ejecutivos y parlamentos.

Ahora también tienen poder de decisión otros actores del sector público, como organizaciones no gubernamentales, asociaciones de todo tipo, fundaciones y hasta think tanks del más variado tipo.

Fuente – EL PAÍS

Imagen – Jeffry Zeldman / Clint Mason / Håvar og Solveig / Piqsels / Carlos ZGZ / European People`s Party / pxfuel

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