Ola de despidos masivos

Los temidos despidos comienzan a verse en lontananza como consecuencia de la crisis económica que ha generado en España la pandemia de SARS-CoV-2, siendo los sectores más afectados el financiero y el industrial. Por el momento el sector turístico se «salva de la quema»

Los efectos de la crisis económica desencadenada a raíz de la pandemia de SARS-CoV-2 se trasladan al empleo.

Hasta ahora la cifra de desempleados se mantenía estable gracias a que muchas empresas estaban «dopadas» bien con ERTES que ha estado financiando el gobierno central y también créditos ICO a muy bajo interés.

Pero la realidad se impone, y en el ecosistema de la gran empresa se anuncian miles de despidos, con un «techo» por el momento de 35.000, aunque algunas grandes empresas reducirán el número de trabajadores sujetos a ERE.

Otro de los factores que está redundando en el alto número de despidos previstos, sobre todo en banca, es que la digitalización avanza imparable, algo que está haciendo mermar, también, el número de sucursales.

Ver las orejas al lobo

Todavía no se sabe si como «globo sonda» o bien como profecía anunciada, la gran empresa española ha anunciado que entre este año 2021 y el próximo año, hasta 35.000 empleados sufrirán los rigores de un expediente de regulación de empleo.

Lo que también parece es que los despidos no tendrán la fisonomía de una «tormenta perfecta», sino que los despidos serán escalonados en el tiempo.

Además, muchas empresas están utilizando como excusa la pandemia para realizar regulaciones de empleo que tenían largamente meditadas.

La banca, el sector que más empleo destruirá

Si los despidos se desarrollan como se prevé, en el 2021 la banca se deshará de 18.000 empleados, bien es cierto que muchos de ellos con prejubilaciones y bajas incentivadas.

Es por la intersección de las sucesivas crisis financieras y la digitalización de la banca por lo que las grandes entidades financieras han anunciado despidos de miles de trabajadores.

En cuanto a la desaparición de las sucursales bancarias, ello se debe a la poca rentabilidad, cada día menos, que obtiene la banca retail, es decir el modelo de banca tradicional que vive de los depósitos de sus clientes.

La suma de los despidos previstos de los tres grandes bancos españoles es de 15.000 personas: CaixaBank prescindirá de 7.791 empleados, BBVA despedirá a 3.450 de sus trabajadores y Santander rescindirá el contrato a 3.572 empleados.

Otras entidades también van a prescindir de parte de su capital humano, ya que Sabadell prejubilará a 1817 empleados e Ibercaja tiene un ERE en el que están incluidos 750 de sus trabajadores.

El (Re)Corte Inglés

Es otra de las grandes empresas que van a efectuar un expediente de regulación de empleo, siendo la primera vez en sus casi 90 años de historia que despide masivamente a una parte de su plantilla.

El ERE de la empresa que dirigió Dimas Gimeno será de 3.292 empleos, aunque todos ellos son salidas pactadas que previamente se han negociado con las centrales sindicales.

Tan buenas deben de ser las condiciones que 320 trabajadores, de los que El Corte Inglés no tenía intención de despedir, se han sumado voluntariamente a el programa de bajas incentivadas.

También se van a producir recortes, aunque menores, en otras empresas, caso de H&M, con 1.100 despidos o Perfumerías Douglas, con 492 rescisiones de contrato.

Forman parte de esta poco edificante lista Coca – Cola European Partners, con un ERE que alcanza a 360 empleados en su plantilla, Adolfo Domínguez con 283 bajas laborales o Heineken, con 228 despidos.

Un sector secundario tocado

Los expedientes de regulación de empleo también van a llegar, y con fuerza, a la industria española, siendo el subsector más «tocado» el de la industria del automóvil.

Especialmente sangrante es el caso de Nissan que ha decidido cerrar una de las fábricas que tenía ubicada en Cataluña, lo que supone 2.500 despidos.

Además, y como fichas de dominó van a caer las industrias auxiliares y subcontratas que generaba la actividad de la planta de Barcelona que cerrará definitivamente el próximo 31 de diciembre.

Solo una de ellas, Acciona Facilities Services, por quedarse sin actividad, va a tener que prescindir de 500 puestos de trabajo.

Algo parecido sucede con Ford, que se desprenderá, de modo directo, de casi un millar de trabajadores, a lo que se unen los de las subcontratas a las que la empresa automovilista norteamericana daba trabajo.

Una de esas empresas subsidiarias afectadas es Continental, que proveía a Ford de piezas de automoción, con un ERE que afecta a 750 trabajadores.

Una de las Majors de la industria europea, hablamos de Airbus, también está negociando con las centrales sindicales un expediente de regulación de empleo que afectará alrededor de 1.000 trabajadores.

También energéticas

Es otro sector que también se plantea despidos masivos, ya que dos de las principales energéticas que hacen negocio en España, ENDESA y NATURGY también se orientan hacia esos pagos.

En el caso de la primera ya tiene pactado salidas voluntarias, escalonadas en los próximos cuatro años, de 1.200 trabajadores, mientras que la francesa prescindirá de 1.000 empleados en los próximos años.

Un sector turístico agarrado al salvavidas de los ERTE

Por el momento, nadie sabe lo que depara el futuro, el sector del turismo se ha salvado de la quema.

Una de las razones es que es un sector fuertemente atomizado y cuyo grueso de actividad está dominado por grandes empresas y grandes mayoristas de viajes.

Por otro lado, siendo un sector que produce el 13% del PIB, ha sido rescatado con ERTES sucesivos que impide que los trabajadores de esas empresas engrosen, por el momento, las colas del desempleo.

A finales de marzo estaban en ERTE 743.628 trabajadores del sector, y más de la mitad correspondían a los subsectores del servicio de comidas y bebidas, alojamientos y agencias de viajes.

Sin embargo, también existen empresas que no les ha quedado otra solución que plantear expedientes de regulación de empleo, pero el número de empleados afectados, para lo que es el volumen de empleo del sector, son muy pocos.

Han planteado ERE las empresas Pullmantur (320 trabajadores), la división de viajes del Iberostar, con 244 despidos, NH Hoteles que ha rescindido 187 contratos y el mayorista de viajes TUI que ha despedido a 163 trabajadores.

Fuente – EL PAÍS / El Corte Inglés en Wikipedia

Imagen – Banalities / Becker / Álvaro Ibáñez / Fred Romero / Barbara Eckstein / Climate Watch / Evgeniy Isaev

Ahorrar en arte

Estando otro tipo de activos de «capa caída», invertir en arte se ha convertido en una buena manera de alojar los ahorros, algo que la gran empresa española lleva haciendo desde hace décadas, habiéndose convertido en el gran guardés de la obra de los autores nacionales del siglo XX

En estos momentos de tribulación económica, tanto empresas como particulares intentan adquirir activos en lo que tradicionalmente han sido valores refugio, en oro y piedras preciosas, pero también en arte.

Pero no solo empresas y particulares, sino también países, en los muchos siglos de guerras, han expoliado las colecciones de arte de los países que sojuzgaban, y en eso España ha sido campeón.

Muchas de las maravillas que están hospedadas en Museo del Prado lo han sido en parte por el imperio que nuestro país atesoró durante siglos: bien porque las riquezas expoliadas de muchas regiones permitieron a los reyes tener a los mejores pintores y escultores que había en Europa.

O bien porque directamente se expoliaron las colecciones de arte que existían en los países conquistados, de lo cual puede dar buena cuenta, por ejemplo, la colección de pintura holandesa o flamenca que se albergan en el número 23 de la calle de Ruiz Alarcón.

Solo al alcance de la gran empresa

Hasta hace no tanto las grandes pinacotecas y colecciones de arte estaban solo al alcance de los monarcas, ahora lo está únicamente al alcance de las grandes corporaciones: bancos, multinacionales de servicios o grandes complejos industriales.

Iberdrola, Santander, BBVA, Repsol, la Caixa, Banco Sabadell, MAPFRE, Telefónica, ICO y el Banco de España, atesoran enormes activos en arte, que superan las 30.000 obras de arte en manos de la gran empresa.

En cierto modo, con todas esas obras, la gran empresa española podría fundar su propio museo o galería de arte, habida cuenta que el Museo del Prado tiene en su fondo 27.500 obras de arte y el MoMA neoyorquino algo más de 200.000.

Virtudes de las colecciones privadas

En manos de esas grandes empresas, sus colecciones tienen unas virtudes que complementan los fondos de arte públicos.

La primera de esas virtudes es que una vez que han adquirido una obra estas grandes empresas son reacias a venderlas, lo que ha permitido tener un fondo artístico de autores nacionales, que de otra manera se hubiesen perdido en la diáspora de las obras de arte.

Otro de los aciertos de estos adquirientes, sobre todo de los bancos, es que llevan invirtiendo en arte desde los años 30 del pasado siglo, y han tenido la suficiente «vista» como para comprar obras de artistas como Basquiat, Gerhard Richter, Anselm Kiefer, George Baselitz que en esos años tenían unos precios asequibles.

Las integraciones empresariales que se han llevado a cabo con los años, sobre todo en el sector bancario, es que las dos grandes entidades financieras BBVA y Santander hayan pasado a poseer, absorción bancaria de por medio, enormes colecciones de arte.

En todas esas colecciones de arte, al menos en las de las empresas españolas, existe un común denominador: una nutrida presencia de los artistas del exilio de la Guerra Civil y de los creadores de la segunda mitad del siglo XX.

Unas políticas en el largo plazo y en libertad

Una de las características de todas esas colecciones es que son muy diferentes entre sí, producto, entre otros factores, de que esas empresas tienen absoluta libertad para comprar las obras de arte que sus curadores consideren oportuno.

Por otro lado, durante las décadas de los años 80 y 90 del pasado siglo, esas empresas reivindicaron el hacer artístico de los artistas nacionales, comprando una enorme cantidad de producción nacional de autores del siglo XX.

Otro de los factores que han permitido una libérrima política de compras proviene del hecho de que son empresas que poco tienen que ver entre sí y que ninguna de ellas vive del arte.

En dependencia de lo que ganan

Quizás sea el principal «talón de Aquiles» de la gran empresa que invierte en arte, y es que el caudal de compras está en relación directa de los beneficios que logran cada año.

En época de «vacas gordas» realizan compras millonarias, pero cuando la cuenta de resultados aparece en números rojos, como sucedió en la última crisis financiera, las compras se desploman.

En estos momentos, y sin contar con la crisis económica provocada por la pandemia, las únicas grandes empresas españolas y organismos públicos que siguen coleccionando arte son la Caixa, Iberdrola y el Banco de España.

Pero no solo la gran empresa

Para encontrar personas, físicas y jurídicas, que inviertan en arte no tenemos que pensar en grandes empresas, ya que incluso las pequeñas y particulares invierten ya en obras de arte.

Se trata de un mercado, el del arte, que se ha convertido en refugio en tiempos de tribulación económica como en el que nos encontramos, siendo la obra de arte un bien que raramente pierde valor, y casi siempre se revaloriza.

De hecho, en tiempo de crisis, hay casa de subastas que se estrujan el magín para permitir que sus clientes, a pesar del mal desempeño de la economía, puedan seguir invirtiendo en esculturas, pinturas o dibujos.

Uno de los últimos artificios para invertir en obras de arte consiste en comprar no obras completas sino parte de ellas.

Comprar solo una fracción

Y no solo de artistas noveles cuyo precio de mercado no es muy abultado, sino que hablamos de inversión, por fracciones eso sí, de obras de prestigiosos artistas que cotizan en Sotheby’s o Christie’s, como Monet o Warhol.

Se trata, el del arte, de un mercado a largo plazo en por el que los inversores siguen apostando, ya que la rentabilidad media del mercado del arte es del 8,9%, a «años luz» en rentabilidad de otro tipo de inversiones.

Hasta ahora, salvo fondos de inversión en arte, como Artemundi Global Fund, The Fine Art Fund Group, el común de los mortales lo tenía difícil para lanzarse al «ruedo» del mercado del arte.

Sin embargo, ahora han surgido plataformas como Masterworks, en el cual los pequeños inversores pueden comprar un «trozo» de obras de arte de autores como Hockney, Monet o Picasso.

De hecho, el ser ya considerado como una inversión en toda regla, se intuye desde el momento en que es, en Estados Unidos, la SEC – Comisión de Mercados y Valores del EE. UU. – la que supervisa todo el proceso.

Fuente – EL PAÍS / elEconomista

Imagen – Christian Van Der Henst / Álvaro Ibañez / Jean – Pierre Dalbéra / Dagane / Eden, Janine and Jim / Masterworks

Las empresas son reacias a salir a Bolsa

Desde el año 2018 ninguna empresa a «desembarcado» en el IBEX 35, sobre todo por factores estructurales que aquejan a la economía española, con un tejido empresarial fundamentado en PYMES que suelen ser de carácter familiar y con poco «músculo» financiero

Una de las maneras más tradicionales que han tenido las empresas para lograr financiación ha consistido en cotizar en Bolsa, para que los inversores compren sus títulos y con ese dinero poder operar.

Pero las tornas están cambiando, ya que muchas empresas ven oportunidades de acceder a financiación de una manera más rápida y con menores riesgos. En tiempo de pandemia el capital riesgo se impone como principal vía de financiación.

Fiascos sonados

Si bien para muchas empresas la panacea, muchas veces no lo es tanto para los inversores, ya que muchos emprendimientos, de dudosa viabilidad económica en un mercado bursátil han inundado los parqués españoles.

En los últimos años hemos visto desde a Pocoyó correteando por la tarima hasta a empresas de alimentación, como pueda ser Telepizza, titularizar su capital social, como la manera estándar de lograr financiación.

En los patios de operaciones todavía resuenan sentenciosas frases, que luego demostraron que tenían detrás una deficiente gestión económica, cuando no eran directamente estafas, como la que pronunció Jenaro García, cuando dijo que “Buscamos notoriedad y mostrar que nuestras finanzas están en buenas condiciones”.

Gowex se demostró, cuando se destapó el escándalo, como un fraude en toda regla con falsificación de las «cuentas» de la compañía, un tema de candente actualidad después de que hace pocos días un juzgado de Madrid haya admitido una demanda de 140 accionistas de la compañía.

Pero también casos de éxito

La titularización de su capital social para lograr recursos que poder invertir en el negocio, también ha llevado a sonados casos de éxito empresarial.

Ha sido con la «catapulta» de la Bolsa con la que muchas empresas, que nacieron prácticamente como start – up, y en espacios de cotrabajo, como se han convertido en auténticos colosos de sus sectores, caso de Amadeus o Inditex.

En el caso de Amancio Ortega, un hombre hecho a sí mismo que en estos momentos, y según la revista Forbes, es la sexta fortuna del mundo, la salida a Bolsa le ha permitido que sus empresas sean reconocidas y se hayan podido expandir a nivel internacional.

En el caso de Amadeus, la joint – venture formada en el año 1987 por las aerolíneas Air France, Lufthansa, Iberia y Scandinavian Airlines, su crecimiento ha sido espectacular, impulsando con su tecnología la contratación de todo tipo de viajes.

Ya en el 2015 se había hecho con el 40,4% del mercado mundial de reservas y su cuota de mercado de soluciones tecnológicas para el sector de las reservas de viajes superaba el 28%, realizando operaciones en más de 200 países.

Una moda finisecular

Lo que hasta finales del siglo XX era un «coto cerrado» solo para grandes inversores, con el final del siglo XX se democratizó y a los parqués comenzaron a afluir pequeños inversores, que dinamizaron las prácticas y los productos bursátiles.

El gran «invento» por aquellas fechas se llamó OPV, acrónimo de Oferta Pública de Venta, que es algo tan sencillo, y a veces tan complicado, como titularizar el capital social de la compañía, que es adquirida desde pequeños inversores, grandes impositores e inclusive instituciones públicas.

Los inversores, además de poseer parte del capital social de la empresa, reciben dividendos, que pueden ser anuales, sobre los beneficios que obtiene la empresa, y en caso de grandes inversores, sus acciones les permiten inclusive ingresar en el consejo de administración.

Sequía

En lo que llevamos de año, marcado indudablemente por la pandemia de covid-19, la situación se podría calificar como de «sequía», ya que ninguna empresa se ha «lanzado al ruedo» y ha comenzado a cotizar.

Y eso ni en los mercados que podríamos calificar como «tradicionales», ni en otros con mayor capacidad de innovar, como el Mercado Alternativo Bursátil (MAB), donde comienzan a cotizar PYMES, siempre con la intención de llegar a jugar en las «grandes ligas».

Sería necesario volver al año 2018 para encontramos con la empresa Solarpack, que comenzó a cotizar en el IBEX el 5 de diciembre de ese año, una compañía «verde» que instala y gestiona «huertos solares» de cientos de hectáreas.

Se extrema la tendencia por vías alternativas de financiación

La crisis sanitaria del covid-19, y el consiguiente «cerrojazo» que redujo la actividad económica a la mínima expresión, y que también salvó a medio millón de compatriotas de perecer, ha vuelto más reacias, si cabe, a las empresas a cotizar.

Por otro lado, la «barra libre» de liquidez que han impuesto los bancos centrales en Europa, queda para los anales la recomendación del FMI a los gobiernos de que gasten todo lo que puedan, hace que se puedan acceder a otras vías de financiación más baratas.

El peligro para la economía es que pueden acabar dándose situaciones de poca transparencia en cuanto a la financiación de sobre todo PYMES que se abstienen de salir a Bolsa.

Uno de los peligros de no financiarse en los mercados es que el dinero puede tener un dudoso origen, por lo que BME, el operador de la Bolsa española, recomienda que la misma transparencia en a financiación que se exige a las cotizadas, se les exija también a otras empresas.

Falta de cultura inversora

La inversión en Bolsa, salvo para los grandes inversores, tiene poco recorrido en España, ya que como hemos visto dicha inversión se abrió para los pequeños inversores a finales del siglo XX.

Debido a ello, en la mayoría de los casos, salvo grandes corporaciones, muchas empresas ni se plantean siquiera cotizar, lo que también tiene mucho que ver con lo que es la estructura empresarial existen en España.

Estamos en un país en el cual el tejido empresarial, en más del 90% está formado por PYMES, que por sus dimensiones ni se plantean pisar el parqué, lo que unido al carácter familiar de las empresas lastra su presencia en Bolsa.

Otro de los miedos que tiene muchas empresas, volvemos a reiterar, que son de carácter familiar o cuasi familiar, es el temor a que, si titulariza su capital social, puedan perder el control de la compañía, como ha sucedido en muchas de sus «hermanas mayores».

Fuente – EL PAÍS / rtve / Bolsas y Mercados Españoles / tu otro diario / Amadeus IT Group / SOLAR PACK / Oferta Pública de Venta en Wikipedia

Imagen – Leonie Vandekamp / Más Cuota / Magnus Maske / FDV / darkday / Ryan Shea / Yun Huang Yong