Los impuestos que nos vienen

El proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2021 muestra un mayor gasto y una mayor carga impositiva, tanto para las empresas con el aumento del Impuesto de sociedades como una mayor tributación a aquellos que gana más de 200.000 euros en cómputo anual

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias han presentado este martes el proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2021, que tienen como leitmotiv el aumento del gasto y una mayor carga impositiva.

Si por algo se caracterizan las «cuentas» para el año que viene, es por ser expansivas en lo que respecta al gasto, y no hacen sino poner negro sobre blanco proyectos que ya estaban encima de la mesa antes de que irrumpiera la pandemia de SARS-CoV-2.

Más impuestos para las empresas y para los ricos (de nómina)

Otro de los objetivos de los PGE para el 2021 es aumentar la recaudación, y eso por dos vías: por un lado, se incrementa el impuesto de sociedades y se suben los impuestos a los mejor remunerados.

Los grandes grupos empresariales serán los más afectados, ya que en los nuevos Presupuestos Generales del Estado para 2021 se aumenta el Impuesto de sociedades y se obliga a que el tipo efectivo se acerque más al real.

A las rentas con ingresos de más de 300.000 euros, se les sube el IRPF del 2%, y si los emolumentos son superiores a 200.000 su IRFP se alza un punto.

También serán objeto de más exacciones fiscales aquellas personas que tengan un patrimonio que supere los 10 millones de euros.

Llegar al acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos no ha sido fácil y ha obligado a muchas horas de negociaciones, y muchos de los puntos se ha logrado in extremis, aunque finalmente se ha podido aprobar en el Consejo de Ministros.

Llegado a este punto, ahora comienza su periplo parlamentario donde el gobierno de coalición deberá hilar muy fino para que sean aprobados, debido a que la suma de los diputados de UP y del PSOE es de 155 escaños, lejos de la mayoría absoluta fijada en 176 escaños.

Un gasto público récord

Es una de las medidas estrella de los PGE del 2021 y que ha sido profusamente publicitada por ambos socios de gobierno, si todo va como se espera, en tres meses podría haber sido aprobado por ambas cámaras.

Las cuentas más expansivas de la historia y las primeras desde 2018, han sido enviadas a Bruselas para que la Comisión Europea de su pláceme, y cuentan con un «techo de gasto» de casi 200.000 millones de euros.

Dicho «techo de gasto» se amplió con respecto a la intención inicial del gobierno, ya que está calculado tomando en cuenta los 27.000 millones de euros que van a llegar de Bruselas como primer tramo del fondo europeo.

La diferencia entre el primer borrador de los PGE de 2021, a los que se presentan ahora, es que el gasto ha crecido, gracias al «maná» europeo, en un 53,7%.

Unas previsiones económicas catastróficas

Estos PGE para el 2021 son más expansivos en el gasto y tienen más presión fiscal y se presentan en un entorno económico que es todo menos halagüeño.

Las previsiones son que, en caso de que esta segunda ola de SARS-CoV-2 que ya está desbocada haga buena esta extrapolación, la economía va a perder el 11,2% del PIB a pesar de que las previsiones también admiten que en el 2022 la economía «rebotará» hasta el 7,2%.

Sin embargo, desde la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) se consideran esas estimaciones demasiado optimistas, y dependerán sobre todo de cómo evolucione la pandemia.

Tributar

A pesar de que, desde el gobierno, sobre todo la titular de Hacienda, María Jesús Montero, había indicado que se dejaría para más adelante el ajuste fiscal, lo precario de las arcas públicas hace que sea obligatorio aumentar la tributación.

Entre nuevas figuras fiscales y la remodelación de algunos tributos, en caso de que causen efecto los PGE para el 2021, el Estado lograría 7.000 millones más de ingresos.

Uno de los impuestos que se van a remodelar es el impuesto sobre el valor añadido (IVA) de las bebidas azucaradas, que pasaría de un 10% a un 21%, tributando como los artículos de lujo.

Además, unos impuestos largamente acariciados por diversos colectivos, como son la Tasa Tobin y la Tasa Google, entrarán por primera dentro de la «cesta» tributaria con la que el Estado logra los ingresos que necesita para financiarse.

En el caso de la primera tasa, la Tobin, se trata de hacer tributar cualquier operación financiera que se desarrolle en la Bolsa de Valores, y en el caso de la Tasa Google, consiste en grabar un 3% determinados servicios digitales.

Del mismo modo, aparece un Impuesto al Plástico, nuevos tributos que tienen que ver con la sostenibilidad, y una nueva ley de fraude fiscal con multas muy cuantiosas.

Más gasto

Es quizás la mayor novedad, además en un contexto de «alta tensión» con una crisis de SARS-CoV-2 que dejó hace tiempo de ser solo sanitaria para convertirse también un tsunami económico de primer orden.

Una de las «medidas estrella» es el Ingreso Mínimo Vital, un subsidio que ya estaba presente desde hace más de dos décadas en algunas comunidades autónomas, como es el caso de Euskadi.

El subsidio en cuestión es similar a la RGI vasca, y consiste en dotar de un ingreso, dependiente de la unidad familiar y el número de hijos, a cualquier ciudadano que no tenga forma de vida.

También en estos Presupuestos Generales del Estado para el 2021 nos encontramos con una medida largamente anhelada por el colectivo de pensionistas, como es que nuevamente las pensiones se indexen al IPC para evitar su pérdida de poder adquisitivo.

Los funcionarios públicos también se ven beneficiados en el proyecto, ya que en el 2021 verán como se incrementan sus emolumentos, en concreto en un 0,9%, con lo que teniendo en cuenta la inflación, ganan en poder adquisitivo.

De ser aprobados estos presupuestos, el Estado ingresará 493.000 millones de euros y tendrá un gasto de 588.000 millones de euros, con un fuerte incremento del déficit público.

Fuente – EL PAÍS

Imagen – Café Credit / Mike Mozart / Kenton Ward / Nakashi / Images Money / Brett Hondow

Un 2020 seguro que sin presupuestos

Tal la situación que estamos viviendo en estos momentos, en plena emergencia sanitaria y vital, nadie sabe a ciencia cierta cuándo se volverá a la normalidad, y tal como ha referido el presidente del Gobierno, serán unos presupuestos «de reconstrucción» para devolver al país a la normalidad

Aunque todavía no sabemos a ciencia cierta cuando remitirá y seremos capaces de vencer esta debacle, que también lo es desde el punto de vista económico, casi seguro que este año 2020 España no tendrá Presupuestos Generales del Estado.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ya ha anunciado que cuando acabe esta pesadilla se aprobarán unos presupuestos, que no ha dudado en calificar como de «reconstrucción», para revivir España.

Los presupuestos del 2020 iban a ser los primeros que iban a ser elaborados por un gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos, ya que los del 2018, presupuestos que habían sido prorrogados, fueron elaborados por el equipo económico del PP, bajo la batuta de Cristóbal Montoro.

Se sigue trabajando

A pesar de la que está cayendo, en el Ministerio de Hacienda se sigue trabajando en la elaboración de unos presupuestos, qué si no van a ser los del 2020, esperemos que sean los del 2021.

Con un gobierno centrado exclusivamente en hacer frente a la crisis sanitaria provocada por el covid-19, ya nadie piensa que sea posible aprobar unos Presupuestos Generales del Estado para este año.

En estos momentos los equipos económicos de los ministerios están centrados en poder arañar hasta el último euro de sus presupuestos para poder hacer frente, en sus áreas de actuación, a una crisis global que no había sucedido antes en la historia.

Recesión galopante

Desde el punto de vista económico, el estado de alarma y el confinamiento de la mayor parte de la sociedad española, aunque solo dure un mes, ya ha provocado una recesión económica de la cuál será muy difícil salir.

De hecho, ya son muchos los economistas que calibran que la crisis económica asociada a al covid-19 superará en mucho a la que provocó la crisis de las hipotecas subprime, en el 2008, y que supuso una sangría para las arcas públicas.

El estado de alarma ha provocado la cuarentena del sector productivo español, con miles de trabajadores que se han visto obligados a confinarse en sus domicilios, y muchos de ellos no saben cual será su situación laboral una vez que esto acabe.

Son miles las empresas que han optado por Expedientes de Regulación Temporales, aunque todos ellos seguirán cobrando, parte de sus empresas y parte de la seguridad social, hasta que finalice esta emergencia sanitaria.

China omnipresente

Son también centenares, sino miles, las empresas españolas que han tenido que cerrar sus líneas de producción debido a que los suministradores de los componentes que utilizan en sus líneas de producción son chinos.

Desde el gobierno, ya se han librado dos decretos para amortiguar, sobre todo en la pequeña y mediana empresa, la debacle económica que supone haber tenido que «echar la persiana» y no saber cuando se volverá a recuperar la actividad.

Es para las empresas para los que se han movilizado, entre dinero «contante y sonante» y avales, una inyección de capital que lo que pretende es «tapar» el tiempo que empresas y autónomos tengan que estar sin actividad.

Las previsiones hechas trizas

Como cualquier otra previsión, la llegada de la pandemia, que nadie puede augurar cuando se resolverá, ha dejado «en papel mojado» las previsiones económicas que había hecho el gobierno que preside Pedro Sánchez.

Debido a la cual, y aunque todavía se desconocen las principales magnitudes económicas que deparará esta crisis, lo que está claro es que los Presupuestos Generales del Estado, ya no los de 2020 y sí los del 2021, serán unos presupuestos económicos de reconstrucción.

Tal como dijo en una de sus comparecencias públicas el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, este año 2020, al menos en lo que respecta a actividad económica, no va a tener doce meses como es habitual, sino solo diez, y es muy probablemente de nueve.

Además, la pandemia va a provocar que haya que iniciar el proceso desde su mismo inicio: habrá nuevamente que aprobar el techo de gasto, con mucha más «manga ancha», algo que llevará a las formaciones políticas alrededor de tres meses de negociaciones.

Además, la elaboración de los presupuestos en sí será un proceso que durará otros tres meses, teniendo en cuenta que para realizar todo lo informado: negociación del techo de gasto entre los partidos políticos y el presupuesto, será necesario que se haya levantado el Estado de Alarma.

Ha sido el propio presidente del Gobierno Pedro Sánchez, el que implícitamente ha reconocido que el proceso no empezará, al menos, hasta el próximo verano, y también ha dicho que los presupuestos serán de «reconstrucción».

Se mantienen los plazos

A pesar de que ya todo el mundo, también en el gobierno y en los ministerios, dan por seguro que los Presupuestos Generales del Estado ya no serán los del 2020, pero sí los del 2021.

A pesar de ello, en los ministerios implicados, principalmente el Ministerio de Economía y el Ministerio de Hacienda, siguen trabajando con los plazos para presentar unos presupuestos para este 2020, aunque todo el mundo piensa ya en el 2021.

Lo que no se espera, y sería la primera vez en casi cuatro décadas de democracia, que los presupuestos de la reconstrucción lo vayan a ser campo de lucha partidista, y no sería extraño incluso la creación de un gobierno de concentración.

Gobernar a base de decretos

Con la vida parlamentaria absolutamente paralizada, el número de diputados que participarán en la sesión parlamentaria en la cual Pedro Sánchez pedirá a la cámara la renovación, por quince días más, del Estado de Alarma, será anecdótico.

En esa situación, la única solución que tiene el gobierno es gobernar a base de decretos leyes, algo que es perfectamente legal y es un recurso lícito viendo lo que está sucediendo en estos momentos en el país.

Fuente – EL PAÍS

Imagen – Juanedc / Discasto / zerospin / Andrey Filippov / British Red Cross / PSOE