Winter is coming!

Se prevé, al menos en lo energético un invierno duro en el cual no sería extraño que hubiese restricciones, especialmente para los particulares. En una labor pedagógica, los países de la UE están pidiendo a particulares y empresas que moderen su consumo; es previsible que en invierno las recomendaciones transmuten en restricciones

Las cancillerías europeas comienzan a preparar a su población ante un duro invierno con restricciones de gas y petróleo.

Los países de la Unión Europea piden, en un primer momento, que sean los propios ciudadanos los que se autolimiten, por ejemplo, bajando unos grados la calefacción el próximo invierno.

Ahora en verano, los gobernantes piden a su población que el aire acondicionado no esté nunca por debajo de los 25 grados y que apuren los minutos que dura una ducha, especialmente si se utilizan agua caliente.

En el caso de nuestro país, tiene una dependencia muy baja de los hidrocarburos rusos lo que podría ser una ventaja para España ya que el gran número de regasificadoras, además en los principales puertos.

Eso permitiría a nuestro país convertirse en un importador neto de GLP, que luego podría reexportar a otros países de la UE, con unos pingües beneficios.

Algo de suma urgencia

Estando casi en el mes de agosto, los países de la Unión Europea se aprestan a guardar todo el gas y el petróleo que puedan para tener reservas de cara al próximo invierno.

Para ello, además de comprar los hidrocarburos a otros proveedores que no sea Rusia, sería necesario que empresas y particulares comiencen a ahorrar toda la energía que se pueda.

Europa está bajo la espada de Damocles, debido a que Putin tiene en su mano cerrar el grifo en el momento en el que considere oportuno, a pesar de que los contratos de suministro de energía se firman por años.

Muchos de los gobiernos europeos están a punto de entrar en pánico, sobre todo si se tiene en cuenta que la locomotora económica europea, Alemania, tiene una exposición altísima al gas y petróleo rusos.

El ejecutivo de Olaf Scholz ya ha recomendado a la población que tarden menos tiempo en ducharse y que la ropa la sequen en colgadero en vez de en la secadora, uno de los electrodomésticos que más electricidad gasta.

España, una balsa de aceite al contrario que la UE

Mientras tanto en España la situación es de tranquilidad extrema sobre todo debido a que la exposición de nuestro país al gas y al petróleo rusos es residual.

Además, España cuenta con el mayor número de regasificadoras de todos los países de la Unión Europea, en número de seis, lo que le permitiría convertirse incluso en el concentrador europeo de importaciones de gas.

Mientras tanto la preocupación aumenta por momentos en Europa, donde la comisaria europea de Energía, Kadri Simson, ya está elaborando planes que incluyen que Putin apriete el botón nuclear.

En caso de que el Kremlin opte por cortar el suministro de gas y petróleo a los países de la Unión Europea, se optaría por activar un plan en el que ya está previsto gradar la urgencia de las necesidades energéticas.

De ese modo tanto los diversos sectores económicos como la ciudadanía tendrán limitado la cantidad de gas y de petróleo que pueden consumir. Sería lo más parecido que hay al racionamiento.

La primera medida de ese plan ya se ha puesto en marcha, y consiste en que empresas y centros comerciales tengan un top en el aire acondicionado limitado a 25 grados centígrados y no más.

El grueso de las medidas todavía esta por determinar en una reunión que se celebrará en próximo 26 de julio y donde comparecerán los ministros de energía de los países que conforman la Unión Europea.

Los problemas crecen

Ahora, al miedo de que en cualquier momento Rusia cierre el grifo de las exportaciones de gas y petróleo se une un grave problema para el suministro de gas desde Estados Unidos.

Hace pocos días se produjo un accidente en la planta de exportación de Freeport en el Estado norteamericano de Texas, que es esencial para que la UE pueda recibir gas de los metaneros que vienen de aquel país.

Sin embargo, por lo menos hasta ahora, la industria europea, la que con diferencia más gas consume, no se ha visto especialmente afectada por la medida y su actividad continúa de manera normal.

Eso se puede trasladar también a la ciudadanía: se siguen viendo coches con uno solo ocupante, el aire acondicionado se sigue poniendo alegremente, y hay duchas que pueden durar media hora.

Todo parece indicar que lo más crudo llegará el próximo invierno, de manera que las verdaderas restricciones vendrán tras el verano, cuando el ahorro energético deje de ser optativo para pasar a ser obligatorio.

Además, el apretarse el cinturón energéticamente hablando tendrá también un valor pedagógico, de manera que aprenderemos a hacer un uso más racional de la energía.

Una estrategia en dos planos

El primero de ellos es el inmediato, donde las autoridades intentan educar a la ciudadanía en lo que está por llegar.

Es el tiempo de las recomendaciones de las que ya hemos hablado, y que tienen que ver con ejercer un consumo privado de energía más reducido.

Ese tipo de recomendaciones, en lo que tienen que ver con un menor gasto energético también se hacen extensibles a las empresas, especialmente a la industria.

En el largo plazo, la solución pasar por aumentar la capacidad de generación eléctrica de las energías verdes, y en es plano el desarrollo de tecnologías de hidrógeno verde puede ser la salvación de las potencias occidentales.

Afectación general

Los expertos vaticinan que los recortes en energía nos afectaran a absolutamente a todos, inclusive aquellos países como España cuya dependencia del gas ruso es residual.

En el caso de los particulares se pueden producir restricciones en el disfrute de gas con calefacciones a menor temperatura o duchas más rápidas y con menor gasto de agua.

En el caso de la industria, aunque sería raro que haya restricciones al sector productivo, el gas que consuman será mucho más caro, debido a que la mayoría de él habrá que traerlo de Estados Unidos.

Todo ello puede acabar provocando al tan temida recesión ahora que parecía que la economía despegaba después de dos años de pandemia donde muchos sectores fueron heridos de muerte.

Fuente – EL PAIS

Imagen – Nick Rhyder / Streve Snodgrass / Teenesee Valley Authority / John Olay Eikenes / Roman Ranniew / Paul Brody

Autumn is coming!

El próximo otoño podría ser complicado desde el punto de vista económico, de manera que tanto en Europa como en Estados Unidos las autoridades económicas intentan conjugar una posible recesión con alta inflación, la tan cacareada estanflación podría estar a la vuelta de la esquina

Si algo teme la economía global el próximo otoño, una estación en la cual se prevé que la guerra de Ucrania seguirá ahí, con un panorama de fuerte subida de tipos para atajar la inflación, es una recesión.

Otro elemento inquietante es la evolución que vaya a tener la economía en los Estados Unidos, ya que, a pesar de la competencia de China, sigue siendo el país que utilizando un término coloquial «corta el bacalao».

Gastando como si no hubiese un mañana

Sin embargo, aunque negros nubarrones se ciernen sobre la economía patria, muchos consumidores parece que no se dan por enterados, ya que gastan como si no hubiese un mañana.

Restaurantes llenos hasta la bandera, turistas viajando por doquier, cruceros que atracan en las principales ciudades españolas o la recuperación de multitudinarios conciertos de música, como pueda ser el bilbaíno BBK Live.

Unas previsiones económicas inciertas

A pesar de temer el próximo otoño, nadie se atreve a realizar previsiones económicas, pero la realidad es que el «rebote» de la economía después de los años de la pandemia se ha ido desinflando.

Inclusive la previsión del Banco Central Europeo, que rebajó las expectativas de crecimiento para la UE al 2,8% podrían ser demasiado halagüeñas para lo que nos viene en otoño.

A las economías de la zona euro les ha frenado el crecimiento la guerra de Ucrania, que ha provocado que tengan que buscar nuevos suministradores de energías fósiles, tras las sanciones a Rusia.

Además, en caso de que Rusia decidiese «cerrar el grifo» a las exportaciones de energía, Europa viviría un frio invierno, ya que todavía no ha conseguido un proveedor alternativo para el volumen de gas y de petróleo que necesita.

Otoño negro

Es el calificativo que comienzan a consensuar muchos economistas cuándo les piden que hagan un boceto de lo que puede suceder cuando acabe el verano.

Y las previsiones son pesimistas inclusive cuando instituciones económicas de gran prestigio, como el alemán Instituto IFO sigue asegurando que el país que gobierna Olaf Scholz crecerá un 2,5% este año y un 3,7% el siguiente.

Bien es cierto que reconocen que la guerra de Ucrania, la crisis energética y una China que vuelve a estar confinada han restado un punto y medio porcentual al crecimiento de este 2022.

Despejada la incógnita de la pandemia de SARS-CoV-2, nuevos nubarrones se ciernen sobre Europa, especialmente ante un posible boicot de Rusia a sus exportaciones de energía a la Unión Europea.

Tormenta perfecta

La Unión Europea ha planteado varios escenarios para los próximos años, inclusive la peor situación de todas que podría ser un embargo completo de las energías fósiles que Rusia exporta a Europa.

De hecho, a varios países europeos – Países Bajos y Finlandia – el Kremlin les ha cerrado definitivamente el grifo, cosa que Putin podría hacer con el resto de los países que pertenecen a la Unión Europea.

En ese escenario, el panorama podría evolucionar con un racionamiento de combustible y gas y con unos precios que seguirían escalando por la diferencia entre la demanda y la oferta.

Crecimiento depauperado con aumentos de inflación

Con esos condicionantes el crecimiento económico de la UE se podría quedar en un raquítico 1,3%, y solo un 1,7% en el 2023.

Mientras tanto la inflación seguiría aumentando, y podría terminar el año en el 8%, aunque para el 2023 se reduciría a «solo» el 6,4%, y todo ello con una escalada de precios.

Con esos niveles de inflación, las subidas de salarios y pensiones no lograrían mantener el poder adquisitivo, por lo que además de empobrecerse, los consumidores tendrían una menor cantidad de renta.

Se produciría la temible estanflación, que no es otra cosa que un bajo crecimiento con una inflación disparada, una «termita» que acaba, en poco tiempo, devorando la economía de cualquier país que la sufra.

Y al otro lado del Atlántico

La situación de la economía al otro lado del Atlántico, en Estados Unidos, tampoco es mejor, con una economía que da señales de recalentamiento.

La semana pasada, Wall Street, perdió un 20% de su cotización, lo que anuncia un ciclo bajista, y, además, se ha invertido la curva de intereses, ya que el bono a dos años renta más que la deuda pública a una década.

De hecho, ya son muchos los analistas financieros norteamericanos que auguran una recesión para el año entrante, ya que la «medicina» que impondrá la FED será muy amarga.

Jerome Powell va a tener que, ya lo está haciendo, subir los tipos de interés, haciendo que la demanda se ralentice tanto la demanda como la economía, con unos consumidores fatigados que dejarán de comprar a espuertas.

Es una manera clásica para dominar la inflación y plegarla a los «sano» para la economía norteamericana, y evitar de esa manera llegar a la temida estanflación, una palabra que provoca pánico en los parques.

Nadie duda que la FED hará lo que sea necesario, inclusive provocar una recesión, con tal de lograr una inflación razonable y no disparada como está hasta ahora.

El COVID provoca una pandemia económica en China

Otro motor económico que parece gripado es China, que con su política de no convivir con las infecciones de SARS-CoV-2 está provocando un atasco global en las cadenas de suministros.

El banco de inversión Nomura establece para este año y para China un crecimiento económico de solo un 3,3%, aunque la situación podría agravarse.

China, tal como demostró la bancarrota de Evergrande, que era una de las principales inmobiliarias del país asiático, puede estar a las puertas de una crisis del sector inmobiliario del tamaño del país.

Norte y sur

Mientras tanto en la Unión Europea los países del norte quieren topar la inflación de unas maneras con las que los países del sur, incluida España, no están muy de acuerdo.

Aunque los sureños son proclives a subir los tipos de interés, son partidarios de subirlos a una velocidad que impida que la recuperación económica en esos países se resienta.

Mientras tanto los países del norte de la Unión Europea critican la poca velocidad con la cual Mario Draghi está subiendo los tipos de interés.  

Fuente – EL PAÍS

Imagen – Dave Center / Images Alight / 7C0 / Nick Damico / Konrads Bilderwerkstatt / Eirien / J. J. Bers / Gauthier Delecroix / Subtle Panda