Primera regulación de teletrabajo en España

Finalmente, se ha llegado a un acuerdo entre el gobierno, sindicatos y empresarios para la regulación del teletrabajo, bajo la fórmula legal del Decreto – Ley que posteriormente tendrá que ser convalidada por el Congreso. Queda excluido del teletrabajo el que se desarrolla por causa de fuerza mayor durante la pandemia

Lo que hasta hace poco tiempo estaba en mantillas, hablamos del teletrabajo y la inevitable digitalización, con la irrupción de la pandemia se ha convertido, sobre todo entre la clase profesional, en casi una obligación.

El principal problema del teletrabajo, por lo menos en España, es que está escasamente regulado, aunque mejor sería decir que se encuentra absolutamente desregulado.

Debido a ello el ministerio de Trabajo ha querido dotarlo de unas normas básicas de uso, aunque sería aventurado decir que ya tiene una regulación, ya que eso se deja para más adelante.

Como primera medida no entran en esta suerte de regulación aquellos que se hayan visto obligados a irse a trabajar a casa producto de la pandemia, aunque de cualquiera de las maneras la empresa se tendrá que hacer responsable del gasto que el teletrabajo ocasione.

Acuerdo con los agentes sociales

El pacto se logró el pasado lunes, en una mesa de diálogo en la cual estaban presentes, además el gobierno, los principales sindicatos y las organizaciones empresariales.

Una vez muñida la regulación, el espaldarazo oficial llegó con la promulgación por parte del gobierno, el pasado martes, de un Decreto – Ley donde se articula en acuerdo y las condiciones del teletrabajo.

Como ya hemos indicado en el preámbulo, el porcentaje del teletrabajo en comparación con otras modalidades de desempeño laboral era residual hasta antes de la pandemia, pero el covid-19 ha hecho que se cuenten por miles las horas teletrabajadas.

La efectividad de la norma llegará a los 20 días de que el Decreto – Ley sea publicado en el Boletín Oficial del Estado, para posteriormente pasar a ser tramitado por el Congreso y después por la Cámara Alta.

El teletrabajo provocado por el covid-19

Es una categoría que no es contemplada en el Decreto – Ley, por lo que todos aquellos trabajadores que se hayan visto obligados al teletrabajo por fuerza mayor, esto es, producto de la crisis sanitaria del SARS-CoV-2, no se encuentran incluidos.

Pero, aunque en esas condiciones las empresas no tengan que cumplir lo promulgado por el gobierno, en cualquier caso, sí están obligadas a sufragar los gastos en que incurra el trabajador por el teletrabajo.

Otro punto importante de la norma legal que será que también queda regulado el tiempo de trabajo, para evitar peligros como – los que llevamos teletrabajando más de una década lo sabemos – es que finalmente se encadenen maratonianas jornadas laborales.

Regular el teletrabajo

Es lo primero a lo que se dedica el Decreto – Ley que considera que teletrabajo es cuando, durante al menos un periodo de tres meses, el 30% de la jornada laboral se ha realizado fuera del centro de trabajo.

Por lo tanto, no se considera como teletrabajo si el profesional trabaja algunos días desde su casa, ya que eso tiene la calificación de flexibilidad laboral, pero no de teletrabajo.

La definición de teletrabajo fue un de los elementos de controversia en la mesa de diálogo, provocando las tiranteces entre los sindicatos mayoritarios – UGT y CC. OO. – y las organizaciones empresariales más relevantes, COE y CEPYME.

Las intenciones de los sindicatos son que el computo de horas fuese del 20% de la jornada laboral durante 3 meses, pero posteriormente los empresarios consiguieron que esa consideración subiese un 10%.

¿Quién se hace cargo de los gastos?

Fue otro de los «tira y afloja» entre sindicatos y organizaciones empresariales, aunque finalmente UGT y CC. OO. Lograron que fuese la empresa la que se haga cargo de la compra o alquiler de los equipos informáticos.

Además, tendrá que ser el empresario el que dé mantenimiento a los equipos, haciéndose cargo también de las facturas de las posibles reparaciones a las que hubiese lugar.

Será en posterior desarrollo legislativo cuando los gastos en los que incurra la empresa y el trabajador sean regulados en los convenios colectivos y en los convenios privativos de la empresa, si los hubiere.

Acuerdo por escrito

Para que un trabajador trabaje telemáticamente desde su casa o espacio de coworking, esa relación laboral tiene que estar explicitada en un contrato entre él y la empresa donde rinde sus servicios.

Los representantes de los trabajadores tienen que estar informados de la relación laboral y el contrato firmado entre las dos partes – trabajador y empresa – tiene que ser remitido en un plazo de 10 días a la oficina de empleo.

Por regla general, las condiciones de contrato tienen que estar amparadas por el convenio del sector por el que se encuentre regulada la actividad laboral, y en caso de no existir, el contrato tiene que cumplir unas condiciones mínimas.

Esos doce puntos, que son un mínimo, recogen un inventario del material que es necesario para la modalidad del teletrabajo, y en la misma estará incluido tanto el mobiliario como el material informático.

Otros puntos tratados en el acuerdo serán el horario de trabajo, tiempo en el que el empleado tendrá que estar disponible, dónde se producirá el trabajo en remoto.

Otros elementos que se tendrán en cuenta son los métodos de control del trabajo por parte de la empresa y la duración de contrato, así como la compensación económica que recibirá el trabajador por los gastos en los que incurra.

Exenciones al teletrabajo

La exención nodular es que no se considerará teletrabajo la actividad laboral en remoto que se está desarrollando producto de la pandemia de covid-19.

En ese caso se consideran que los empleados teletrabajan debido a una causa de fuerza mayor y que los trabajadores no acuden a la oficina debido a la crisis sanitaria producto del covid-19, ya que todos los expertos advierten que nos encontramos en una segunda ola.

Ese aspecto, no considerar el teletrabajo cuando es producto de la fuerza mayor, ha sido uno de los principales escollos que se ha encontrado la negociación entre los sindicatos y las organizaciones empresariales.

En cuanto a la legislación laboral que se aplicará al teletrabajo, será la ordinaria, pero es obligado que la empresa provea al empleado de todos los recursos para que pueda desempeñar su actividad laboral.

Fuente – EL PAÍS

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Encaje de bolillos para volver al trabajo

La inesperada pandemia de covid-19 lo ha trastocado todo, también el mundo del trabajo, donde las empresas, ante la inminente vuelta al trabajo, organizan protocolos de seguridad y reorganizan en espacio físico de las oficinas para que sus plantillas puedan volver a sus centros de trabajo

La vuelta al trabajo, ahora que se inicia el «curso» no va a ser nada sencilla, y todo producto de una pandemia que lo sigue complicando todo, tanto la economía, el mercado laboral y las jornadas laborales de aquellos que todavía mantiene su empleo.

Todo ha cambiado en el intento de hacer compatible una pandemia, la del SARS-CoV-2, un virus que está todo menos controlado en España, con la vuelta al trabajo en condiciones de seguridad.

La mayor parte de las compañías, al menos aquellas que pueden optar por el teletrabajo, contemplan un modelo mixto, combinando la presencia en la oficina con la actividad laboral desde el propio domicilio.

Un entorno desconocido

Muchos de los empleados, sobre todo los profesionales, que se reincorporan ahora al trabajo, después del mes de vacaciones por excelencia, después de mentes de teletrabajar en sus domicilios, llegan a un entorno completamente desconocido.

Mascarilla y gel hidroalcohólico son ahora compañeros indispensables, así como las pantallas de metacrilato que parcelan los lugares de trabajo y que evitan que los aerosoles que se genera la respiración.

Además, la tradicional efusividad de los latinos, aunque en los entornos laborales el común de los españoles es menos efusivo, también se han terminado, por la necesidad de mantener la «distancia social».

Dependiendo del tamaño de la empresa

En los entornos que podríamos llamar «de oficina», la implementación de esta nueva forma de trabajar y los protocolos consiguientes dependen directamente del tamaño de la empresa.

La gran empresa ha invertido este tiempo de obligado trabajo desde casa para diseñar e implementar, inclusive con departamentos enteros dedicados a la labor, los protocolos covid-19 que serán de obligado cumplimiento a partir de septiembre.

En la pequeña y la mediana empresa, donde la flexibilidad en todos los órdenes es casi obligada, sin afirmar que puede haber más improvisación, seguramente se limitarán a seguir a pies juntillas lo que emane de las autoridades laborales.

Lugares comunes obligados

En lo que todo el mundo coincide es que habrá unas operativas que todas las empresas tendrán que seguir, independientemente del tamaño de las compañías.

Lo que sin duda será obligado, sobre todo en empresas grandes es que tanto la entrada al trabajo como la salida sea escalonada, como una manera de evitar aglomeraciones que irían en detrimento del mantenimiento de la «distancia social».

Otro ítem que será inevitable es el control de la temperatura de cada empleado, al menos a la entrada, aunque algunas empresas han tomado la determinación de hacer la toma de temperatura también a la salida.

Además, determinados sistemas de control de acceso, sobre todo los táctiles de huella digital, han tenido que ser sustituidos por aplicaciones móviles, en donde los trabajadores se validan contra una aplicación en su teléfono móvil.

En cuanto al uso de la mascarilla en la oficina, algunas empresas obligan a su utilización siempre que no se pueda mantener la «distancia social» de metro y medio, pero otras son más estrictas y obligan a tener permanentemente puesta la mascarilla en el centro laboral.

Extremar la limpieza

Pero todas esas medidas son fútiles si no se refuerza la limpieza a fondo de las oficinas una vez que se ha terminado la jornada laboral, para que al día siguiente la plantilla de la empresa acceda a un «entorno limpio».

Nuevamente, las trabajadoras y trabajadores de limpieza vuelven a salir a la palestra, y el de limpieza ha pasado de ser una ocupación laboral a al cual no se la tenía en mucha consideración a convertirse en algo esencial sin lo que no se puede trabajar.

Las grandes empresas, para conjurar la posibilidad de que vuelva a haber un desabastecimiento como en los inicios de la pandemia, han hecho acopio de todo tipo de insumos relacionados con la higiene.

En el caso de Correos, ha repartido entre sus trabajadores 16 millones de pares de guantes, seis millones trescientas mil mascarillas del estándar FFP2 y ha comprado 97.000 litros de gel hidroalcohólico, 7.600 mamparas y 2.000 pantallas faciales.

Reconfigurar la oficina

Además de las ya citadas mamparas que aíslan a cada puesto de trabajo del resto de los compañeros, muchas empresas han rediseñado el lugar de trabajo.

Lo que se busca es que, entre puesto y puesto de trabajo, también se han reconfigurado distancias de seguridad para acceder a servicios comunes, como puedan ser impresoras en red o máquinas de café o servicios higiénicos.

Paradójicamente han sido las PYMES las que más han adoptado la reconfiguración de las oficinas, porque necesitan más la presencia de la mayoría de sus plantillas, porque, entre otras cosas, carecen del «músculo» tecnológico para poder gestionar el teletrabajo.

Se podría calificar incluso que las medias de seguridad ante el covid-19 se está gestionando, en la pequeña y mediana empresa de una manera más informal, mientras que en la gran empresa se está siendo más sistemático.

Ya que el Pisuerga pasa por Valladolid…

Inclusive algunas grandes empresas han utilizado la excusa de la pandemia para fortalecer el modelo de teletrabajo o modelos híbridos a los que esperaban dar un espaldarazo de cualquier manera.

El Corte Inglés, al menos en los departamentos de gestión, se han creado pequeños equipos burbuja que se ensamblan con otros equipos que están trabajando desde su domicilio, y lo cierto es que el modelo está sacando el trabajo adelante.

Otra de las grandes empresas españolas, el BBVA, ha instaurado un modelo que combina el teletrabajo con la comparecencia presencial en la oficina varios días de la semana, y los que ha sido un modelo experimental se consolidará a partir de septiembre.

Vodafone, que envío al grueso de su plantilla a teletrabajar en sus domicilios como una medida temporal para vadear lo peor de pandemia, ha decidió mantener a su plantilla teletrabajando sine die.

Otro de los grandes bancos españoles, CaixaBank, que tiene una plantilla de casi 40.000 personas, ha establecido un plan progresivo para que sus empleados vuelvan a la oficina, priorizando la seguridad de sus trabajadores.

Fuente – EL PAÍS

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Empleados públicos ¡A teletrabajar!

Un acuerdo ha visto la luz, entre gobierno y organizaciones sindicales, para permitir que los funcionarios públicos tengan derecho a teletrabajar desde sus domicilios, teniendo preferencia aquellos servidores públicos que tengan menores a su cargo o a personas dependientes

El acuerdo entre el gobierno y los sindicatos mayoritarios en el sector público – UGT y CSIF – ha configurado como será la realidad laboral de los servidores públicos en la «nueva normalidad».

Sin embargo, el sindicato que dirige Unai Sordo considera que con el acuerdo se da carta de naturaleza a que los funcionarios públicos pierdan derechos, a pesar de que el acuerdo ha contado también con la concurrencia de los representantes de trabajadores, al menos de UGT y CSIF.

El teletrabajo se impone

El personal que trabaja para las Administraciones públicas tendrá reconocido como derecho poder teletrabajar un día a la semana, y en caso de que tengan a su cargo menores o personas dependientes podrán trabajar telemáticamente hasta cuatro días.

No estamos hablando de un contingente humano menor, ya que la Administración General del Estado está compuesta por 231.000 funcionarios y las nuevas medidas laborales, entre ellas están incluidas el teletrabajo, entrarán en vigor el 22 de junio.

El plan está diseñado específicamente para funcionarios que tenga hijos menores de 14 años o para aquellos que tengan dependientes a su cargo, pero también para aquellos trabajadores de las Administraciones públicas que tengan patologías que pudieran agravarse con un contagio de covid-19.

Voluntariedad

Acceder al teletrabajo será de todo punto de vista voluntario y reversible, esto es, dependerá de la disponibilidad que tenga el trabajador público para desempeñar así su trabajo, y además estará complementado por el trabajo presencial.

La jornada tipo será de cuatro días teletrabajando y un día con obligatoriedad de acudir a las oficinas, normalmente para actividades de coordinación y reuniones cuando sean necesarias.

Como hemos indicado en otro epígrafe, CC. OO. no ha transigido con el acuerdo y no lo ha firmado al considerar que con esta nueva metodología de trabajo se están restringiendo derechos de los trabajadores.

El principal de ellos es que el acuerdo no establece lo que ya se conoce como «derecho a la desconexión», esto es, que la disponibilidad del trabajador para el teletrabajo quede estipulada.

Tal como considera el sindicato de clase, en la administración, por no estar estipulado lo contrario, parece que el funcionario tiene que estar a disposición de la administración a todas horas y los siete días de la semana.

Desde el gobierno se ve de otra manera

Sin embargo, para la ministra de Política Territorial y de Función Pública, Carolina Darías, el acuerdo supone un reconocimiento la abnegada labor que han desarrollado los funcionarios públicos durante lo peor de la pandemia.

Con la llegada de la «nueva normalidad» lo que se busca es salvaguardar en la medida de lo posible la salud de los trabajadores públicos, algo que ya pasa en muchas empresas y en parte del sector público.

Del mismo modo, la implantación del teletrabajo también busca la gestión correcta de adecuadas políticas de prevención de riesgos laborales, en unos momentos en los cuales, a pesar de que se ha controlado la emergencia sanitaria, el virus sigue circulando.

De hecho, y como una muestra más de la nueva situación que vivimos en el país, la firma entre el gobierno y los sindicatos se ha llevado a cabo no en una reunión presencial, sino en una telemática en la cual la firma ha sido electrónica.

Un nuevo marco de relaciones laborales

Es lo que se impone con la «nueva normalidad», y es en algo en lo que coinciden tanto el gobierno como los interlocutores sociales y la patronal, en la cual se pretende la vuelta a la normalidad laboral con la minimización de los riesgos para los trabajadores.

El principal logro del acuerdo, a decir del sindicato UGT, consiste en que se regulariza, en la función pública, la modalidad del teletrabajo, con unas características que la hacen voluntario y reversible.

Además, este primer acuerdo, va a servir, en lo que se refiere al teletrabajo, como el documento base a partir del cual se regulará el teletrabajo en las negociaciones que se iniciarán el próximo 1 de julio.

De hecho, todavía quedan «flecos» sobre los que hay que llegar a acuerdos, como es el hecho de quien se hará cargo de proporcionar el material de trabajo, y también establecer cuál es la jornada laboral.

Uno de los peligros del teletrabajo, y el que esto escribe lleva más de una década en esa modalidad, es que la jornada laboral, si no se sabe tasar, acaba no teniendo final, dado que siempre hay cosas que hacer.

El acuerdo tendrá vigencia, al menos, hasta que España se encuentre en situación de estar libre de pandemia, algo que en estos momentos no se puede poner fecha.

Orden de prelatura

A pesar de que todos los funcionarios públicos, al menos aquellos cuyo trabajo se pueda realizar bajo la modalidad de teletrabajo, tienen derecho al mismo, se han establecido una serie de preminencias.

Los primeros trabajadores públicos que tendrán derecho a ejercer el teletrabajo serán aquellos que muestren síntomas compatibles con el covid-19, estén en cuarentena o hayan tenido un contacto estrello con algún infectado.

Cuando el cometido laboral sea la atención al público se priorizará la atención telefónica y la telemática, y en caso de que la atención personal sea obligatoria, la misma se desarrollará con la modalidad de cita previa.

En los centros de trabajo de la administración pública, para evitar en lo posible que se produzca ningún brote de covid-19, la entrada y la salida del trabajo se realizará de una manera escalonada.

Bases para el futuro

Los acuerdos firmados por el gobierno con los agentes sociales son la puerta para la regulación del teletrabajo, una modalidad laboral a la que la presente crisis sanitaria ha dado el espaldarazo definitivo.

El acuerdo pone las bases para una posterior regulación, tanto en el ámbito público como privado, del trabajo telemático que no necesariamente se tiene que realizar desde el domicilio.

El trabajo en «remoto» también se puede realizar desde espacios habilitados para lo que se ha denominado como cotrabajo, en el cual un grupo de profesionales alquilan una suerte de oficina para poder trabajar.

Fuente – EL PAÍS

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Trabajar en casa y verano, un mal binomio

La imposición del teletrabajo y la llegada de verano parece que va a traer aparejado un aumento en el número de instalaciones de aire acondicionado en las casas, en un parque de viviendas añosas, donde las empresas se tendrán que hacer cargo de sufragar parte de los gastos que ocasiona estar en casa

Si hasta ahora el teletrabajo no estaba completamente asentado en España, con la llegada del verano, la situación se hace más compleja: a la falta de dotación para el trabajo que tienen las viviendas se unen las altas temperaturas, sobre todo en la zona sur de España.

En estos momentos, solo algo más del 30% de los hogares en nuestro país tienen algún tipo de sistema de aire acondicionado, por lo que las temperaturas extremas solo van a hacer más complicado el hecho de tener que trabajar desde casa.

Más allá del verano

El propio gobierno ha indicado su preferencia que aquellas empresas que puedan implementar medida para que sus empleados sigan teletrabajando durante el verano lo hagan, e incluso son muchas empresas que piensan mantener el mismo más allá del periodo estival.

Sin embargo, desde el lado de los trabajadores, la situación se complica, porque además de tener que estar trabajando en sus hogares, que muchas veces no reúnen las condiciones necesarias para poder desarrollar sus cometidos laborales, se une ahora el calor.

Como ya hemos indicado, solo un tercio de las viviendas en el Estado tienen instalación de aire acondicionado, a lo que se une que AEMET prevé que para junio, julio y agosto se producirán temperaturas por encima de la media de los últimos 30 años.

Mudarse

Inclusive algunos profesionales que teletrabajan, ante la previsión de altas temperaturas y como sus empresas han decidido que el teletrabajo se desarrollará más allá de septiembre, se están planteando mudarse de vivienda.

El tipo de vivienda que se busca, por lo general, son pisos mejor aislados del calor y que si es posible tengan ya una instalación de aire acondicionado, también aprovechando que se espera una bajada significativa del precio de la propiedad inmobiliaria.

Además, de las viviendas que disponen de aire acondicionado, como ya hemos indicado solo un tercio del total, la instalación suele estar circunscrita a una única habitación o a varias de ellas, por lo que en resto de la vivienda la canícula puede ser inaguantable.

Más calefacción que aire acondicionado

De ese poco más del 30% de las viviendas que disponen de aire acondicionado, una gran mayoría se encuentran ubicadas en las zonas más calurosas del Estado, especialmente en el sur de la Península.

Sin embargo, en lo que se refiere a calefacción, el 86% de las viviendas que existen en España tienen esa dotación, entre otras cosas porque es obligatorio que toda vivienda tenga una calefacción, pero no lo es que tenga aire acondicionado.

Otro de los hándicaps que impide una mayor dotación de aire acondicionado es que el parque de viviendas que existe en España es muy longevo, ya que el 92% de ellas es anterior al año 2008.

Inclusive una enorme masa de viviendas proviene de los años sesenta y setenta del siglo pasado, cuando estaba en vigor un código de edificación que solo obligaba a un somero aislamiento de los domicilios.

Eficiencia energética

Se trata de un concepto relativamente nuevo y depende de la calidad en la edificación, y no era un concepto que se tuviese en cuenta a la hora de erigir bloques de viviendas con anterioridad al 2008.

Con una vivienda eficiente energéticamente, la energía necesaria para calentarla o enfriarla es mucho menor que si no tiene esa categoría, que comenzó a ser obligatoria a partir del 2008; la idea era que la vivienda se convirtiese en una especie de termo que mantenga la temperatura interior.

Pero con la picaresca que existe en nuestro país, los constructores se agolpaban en la ventanilla de la administración para lograr licencia de obra a mansalva antes de que entrase en vigor el código de edificación del 2008 y tener que aplicarlo.

El incremento de precio que tiene por metro cuadrado una vivienda dotada de eficiencia energética es de 5,63 euros, aunque posteriormente el propietario o inquilino lo recupera sobradamente porque es menor la cantidad de energía necesaria para calentar o enfriar el inmueble.

Aire acondicionado y covid-19

Entre las empresas del ramo del aire acondicionado ha cundido la preocupación debido a las noticias que asocian las instalaciones de aire acondicionado con la expansión del coronavirus covid-19.

A pesar de ello, en cierto modo también existe cierto optimismo vinculado a que muchas personas están teniendo que trabajar en casa, y las altas temperaturas hacen que sea casi obligado hacerse con un aparato de aire acondicionado.

Desde el sector de la climatización también se espera como «agua de mayo» que se levante la prohibición de realizar obras en viviendas, para que de ese modo afluya la demanda de personas que buscan la instalación de aparatos de aire acondicionado.

En el caso de las viviendas alquiladas, la instalación de aire acondicionado es más problemática, debido a que los caseros suelen ser reacios, dado que una instalación de aire acondicionado por conductos para toda la vivienda puede suponer un coste de 2.000 euros.

¿La empresa debiera de asumir parte de los costes?

Es una pregunta que no ha sabido responder ni siquiera la ministra de Trabajo, Yolanda Díez, dado que es dudoso que las empresas vayan a asumir el grueso de los costes que asume un trabajador que desempeña su actividad profesional desde su casa.

En países europeos de nuestro entorno, aunque Suiza no pertenece a la Unión Europea, es la empresa la que tiene que hacerse incluso cargo de parte del alquiler de la vivienda, tal como ha obligado una reciente sentencia judicial.

A lo que si se debería acoger tanto empresas como trabajadores es a una negociación para compartir los gastos que supone adoptar una vivienda para el teletrabajo, aunque bien es cierto que una cosa es sufragar una silla ergonómica y otra una instalación de aire acondicionado.

Por convenio

La solución más sencilla tendría que ver con el hecho de que en los convenios laborales comiencen a aparecer acuerdos de cómo articular el teletrabajo, lo que acabará llevando a una negociación entre los representantes de los trabajadores y de los empresarios.

Los aspectos regulados serán muchos: aire acondicionado y calefacción, el pago de la factura de la luz, quién se hace cargo de la tarifa de banda ancha o inclusive la inclusión de un bono de transporte para cuando el empleado tenga que ir a coordinar a la oficina.

Inclusive también sería posible que la empresa se hiciese cargo de la dotación tecnológica – sobre todo en lo que tenga que ver con material informático – y de mobiliario para que el profesional pueda desarrollar su trabajo.

Fuente – el diario

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El teletrabajo se impone

Producto de la crisis sanitaria del covid-19, España, un país con un porcentaje de teletrabajo bajísimo, ha enviado a una multitud de profesiones a sus domicilios a trabajar en «remoto» utilizando medios telemáticos; son, con diferencia, los trabajadores autónomos, los que más están optando por esta modalidad de trabajo

Según estimaciones del Banco de España, la entidad emisora, el 33% de los empleos son susceptibles de poder ejercerse en modalidad de teletrabajo, lo que supone seis millones de trabajadores, de los que la mitad tiene formación universitaria.

El teletrabajo se va imponiendo como una medida necesaria para hacer frente a la pandemia del coronavirus, al menos en aquellos empleos que son susceptibles de poder desarrollarse en «remoto».

Algo marginal hasta ahora

Los datos que obran en poder del banco del que es gobernador Pablo Hernández de Cos informan que, en el 2019, solo el 8% de los empleos se realizaban en «remoto», esto es, utilizando el teletrabajo, y además de manera ocasional.

Pero en el último informe de la entidad emisora se estima que, hasta el 30% de los trabajos son susceptibles de utilizar la modalidad del teletrabajo, lo que supondría que hasta seis millones de personas podrían ejercer su profesión desde sus domicilios utilizando medios telemáticos.

Bien es cierto que más de la mitad de los que podrían trabajar en «remoto» tienen formación universitaria, pero las posibilidades que ofrece el trabajo en «remoto» son fabulosas, ya que se estima que hasta un tercio de los puestos de trabajo pueden ser susceptibles de utilizar el teletrabajo.

Son aquellas personas con un menor nivel educativo las que tiene más problemas de utilizar el teletrabajo, además de porque sus trabajos son difícilmente susceptibles de utilizar medios telemáticos, porque muchos de ellos carecen de habilidades digitales.

De aquellos que pueden trabajar en remoto, el 50% tienen un título universitario, el 34% han alcanzado un diploma de secundaria o tienen alguna «carrera» sin terminar y solo el 16% no ha alcanzado el bachiller.

Proyecciones del 60%

Pero el Banco de España va mucho más allá: estima que el 60% de los trabajadores cualificados, en un futuro no muy lejano, podrían acabar ejerciendo sus obligaciones laborales mediante medios telemáticos y no necesariamente teniendo que ir a «fichar» en la oficina.

Quizás el sector en el que menos se ejerce el teletrabajo, y en donde se podría mejorar el desempeño, es la administración pública, donde se estaban, hasta ahora, ensayando tímidamente ese tipo de procesos.

Pero el trabajo en «remoto» se puede implementar en otros muchos sectores, entre los que cabe citar el del comercio, la energía, actividades recreativas y hasta el sector de las manufacturas.

Sin embargo, otros muchos sectores ya han abrazado el nuevo paradigma, como es el sector de la informática y de las tecnologías de información, el inmobiliario, el financiero y muchas profesiones liberales.

También se desprende del informe que son las empresas de más de 50 trabajadores las que pueden obtener más beneficios de que sus trabajadores puedan ejercer su actividad en «remoto».

Inclusive uno de los sectores más golpeados por esta crisis del coronavirus, el de los trabajadores autónomos, hacen ya un uso intensivo del «remoto»: el 56% de ellos teletrabajan al menos la mitad de la jornada laboral semanal.

Las ventajas e inconvenientes del teletrabajo

Las ventajas son múltiples, tanto para los trabajadores como para las empresas, y entre ellas podemos citar un aumento de la productividad más que evidente, aunque bien es cierto que para lograr ese aumento el trabajo se tiene que organizar bien.

Además, poder trabajar desde el domicilio o desde un espacio de coworking cercano al domicilio, permite ahorrarse tediosos viajes al centro de trabajo, ya sea en transporte público – siempre se puede aprovechar el tiempo leyendo algo – o bien en vehículo privado.

Sin embargo, y sobre todo para los no acostumbrados a ello, también existen inconvenientes: el sentirse aislado, se pierde la noción del horario que, si se tiene en una oficina existe, y aumenta el estrés y los problemas de salud producto de que se suele estar reconcentrado en la labor.

Lo más conveniente, a la hora de mantener un equilibrio entre el trabajo y la vida personal, es que el teletrabajo se desarrolle varios días a la semana, pero que también haya trabajo presencial en la oficina o algún tipo de coordinación «en vivo».

Producto de los tiempos

Bien es cierto que con la situación que estamos viviendo ahora, con una epidemia de covid-19 que comienza ahora a estar controlada, pero con el peligro constante del contagio, al menos hasta que se encuentre una vacuna, el teletrabajo se va a imponer.

Hasta ahora, como ya hemos referido, con solo el 8% de los trabajos en «remoto» en el 2019, España tiene unos bajos porcentajes de teletrabajo, si se comparan con el grueso de los países de la Unión Europea.

Los datos, comparados con la «piel de toro» son apabullantes: en Holanda y Suecia el 30% de la fuerza laboral teletrabaja, en Francia el 20% de la masa laboral y en Alemania algo más del 10%.

Además, el teletrabajo está en plena coincidencia con el proceso de desescalada, y puede servir para una normalización progresiva de la actividad laboral, permitiendo mantener la misma productividad que si la actividad laboral estuviese normalizada, hasta que efectivamente se vuelva poder trabajar como se hacían ante antes de la pandemia.

Por lo menos hasta Navidad

Y sobre todo en lo que tiene que ver con la gran empresa, como pueda ser le caso de la energética Endesa, que calculan que el 38% de su plantilla no volverá a la oficina antes de las navidades.

Otra energética, la antigua Gas Natural Fenosa, ahora Naturgy, retrasa ese retorno, para algunos colectivos – embarazadas, empleados con patologías previas y mayores de 60 años -, al próximo año 2021.

Por seguir con el rubro de la energía, aunque dirigiéndonos a la península italiana, la energética ENEL ha informado que 37.500 miembros de su plantilla están trabajando en «remoto».

La compañía que dirige Maria Patrizia Grieco prevé que dichos trabajadores no volverán a sus centros de trabajo hasta bien entrado el 2021, fecha que estará sujeta a revisión en caso de que la pandemia del covid-21 se vuelva a desmandar.

Fuente – EL PAÍS / EL MUNDO / Enel en Wikipedia

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